Cae la noche y toda Ceuta es un inasumible campamento de refugiados a cielo abierto, pero tambi�n en esto, como en todo, hay clases.Los magreb�es de la playa del Trampol�n se calientan alrededor de fuegos improvisados despu�s de que fueran realojados los subsaharianos de las chabolas de ca�a y cartones.Otros magreb�es se desperdigan para dormir por las colinas aleda�as, cerca del CETI, el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes. El miedo a la irrupci�n de la Polic�a y la deportaci�n les ha devuelto al estado de naturaleza, a vivir en el bosque, al lado por cierto de La Colina, una urbanizaci�n de chaletazos que poco pod�a imaginar que iba a tener asiento de primera fila en otro drama humanitario del siglo XXI.Los parques, medianas y parterres de Ceuta albergan tambi�n, aqu� y all�, a miles de chavales magreb�es que se las apa�an para cargar el m�vil y echarse un poco de agua a la cara (ya van tres semanas sin ducha) en los ba�os de los bares, en una ciudad que en realidad es tan musulmana como cristiana (si no m�s), y m�s africana que europea, pero que no esperaba pagar un precio tan alto por sus orgullosas "cuatro culturas": ni�as y mujeres evitan la calle desde hace 23 d�as.Quienes no est�n tan mal son los magreb�es dentro del propio CETI. Ellos ya estaban aqu� antes del multitudinario salto del 31 de julio. Esperando que las rendijas del sistema de asilo espa�ol, toleradas por Madrid y probablemente pactadas con Rabat, les abran el camino a la Pen�nsula. Dicen los polic�as que custodian el CETI que los que ah� habitan salen de compras y "a los bares", que "mueven su dinerito" y ya coquetean con el sue�o europeo.Migrantes menores juegan al f�tbol en el pol�gono de El Tarajal.QUICO ALSEDOPero donde todo se hace insoportable, insostenible e inadmisible es en un rinc�n del peque�o tri�ngulo de tierra que es Ceuta junto a la frontera del Tarajal. En las dos docenas de sucias naves y galpones que forman el pol�gono del mismo nombre. El fracaso del sistema de acogida, verdadero trastero humano de todas las tensiones geopol�ticas de hoy, se hace aqu� carne. Carne que sufre, como tambi�n sufren los ciudadanos de Ceuta por lo que consideran una "invasi�n".El pol�gono, desde el que casi se pueden tocar los �rboles de Marruecos al otro lado de la frontera (la de las famosas concertinas, que ha registrado varios sangrientos y medi�ticos saltos), contendr� unas diez o 12 callejas delimitadas por las naves, que parecen abandonadas y olvidadas desde mucho antes de su propia construcci�n.Y todas esas calles est�n, en cada mil�metro, en cada recoveco, sobre toda la mugre imaginable, repletas de ni�os, mujeres y familias que llevan tres semanas aguantando el hambre, el miedo y las ratas.En la playa del Trampol�n, en las colinas y bosques de Ceuta, todo, o casi, son francotiradores: adultos o varones j�venes que viajan solos y van acumulando lazos unos con otros.Las del pol�gono del Tarajal son verdaderas familias que uno no sabe c�mo han podido nadar kil�metro y medio, con ni�os muy peque�os encima y los m�viles y el dinero impermeabilizados, en una peripecia en la que murieron 140 personas ya olvidadas, porque lo acuciante es hoy.El Tarajal es la India, Bangladesh. Ese tipo de chabolismo, digamos, 'paraindustrial'.Unos chavales juegan al f�tbol descalzos, con un bal�n desastrado y cuatro ruedas de cami�n como porter�as. Un viejo se arrastra sobre unas muletas. Imposible preguntarle -muy pocos chapurrean el espa�ol- c�mo demonios pudo cruzar as�. Un chaval rasura a otros como un barbero medieval, a cuchillo -esto se ve mucho en los migrantes de Ceuta: el degradado tan de moda es muy demandante, y pobre no quiere decir despeinado-.El jolgorio de los ni�os se enmarca, de fondo, sobre los rostros sombr�os de sus padres, ellas siempre con el hiyab. Muchos otros regresaron a Marruecos al ver claro que el salto ten�a un futuro dif�cil o ninguno. S�lo se quedaron, probablemente, quienes ya antes de saltar no ten�an nada y, por tanto, como en la canci�n, nada tienen que perder.Mustafa es uno de ellos. Ah� le pueden ver, en la foto. Aseado y vestido normal, pasar�a perfectamente por espa�ol. Tiene 30 a�os, ganaba el equivalente a siete euros al d�a arreglando televisores en Tetu�n y dice, siempre con una sonrisa y en un espa�ol al menos comprensible, que no va a volver a Marruecos: "Lo he sacado de mi cabeza".El chico, a quien acompa�an su hermana, su sobrina y un amigo, nos muestra su pasaporte: "Yo entraba en Ceuta hace a�os, mira". En efecto, se ven los sellos. "Pero despu�s de 2021 [cuando se registr� el anterior gran salto], se cerr�, ya no m�s". �C�mo decidieron saltar? "Vimos en las noticias que la gente saltaba. As� que nosotros tambi�n". �Lo hab�a hecho antes? "No, nunca. �Yo entraba legal en Espa�a! Pero ya no".S�lo pide una cosa: "Poder comer. Queremos ir a Espa�a para comer. En Marruecos no podemos ni comer. Yo gano 2.000 dirhams, 200 euros, al mes. La vida est� muy cara. Ya no puedo nada". Su amigo, Jouchal, trabajaba en "una f�brica de leche": "S�lo queremos un futuro". La hermana de Mustaf� le pide que nos cuente su historia: "Tiene 35 a�os y sin trabajo, madre soltera. �No tiene familia, s�lo yo!".Mustafa se da cuenta de que en Tarajal tanto �l como su familia corren peligro: "S�, sabemos, pero Dios har�", repite como una letan�a. Siempre uno de ellos tres hace guardia por la noche, "por si pasa algo". Admite que hay peleas "todos los d�as", pero en las casi dos horas nocturnas en que el redactor recorre el lugar todo es pac�fico -es m�s, todo el mundo quiere ser tu amigo-."Esto es como una guerra, como una guerra", admite Mustafa. �D�nde hacen sus necesidades? Se encoge de hombros. �C�mo les trata la poblaci�n local, que comprensiblemente tanto les sufre tambi�n? "Todo bien, mucha paciencia". �De d�nde sacan el dinero? "Hay gente que cruza la frontera o lo manda a otros aqu�, y nos lo dan", explica.Jouchal, muy callado, admite que lleva �tres d�as sin comer�. Mustafa interviene: �Bueno, ya sabes que s�lo dan [Cruz Roja] una comida al d�a y, claro, lo vamos racionando�. Los juegos del hambre llevan ya tres semanas acechando, y lo que quede.Mientras hablamos, la peque�a Ritaj, su sobrina de ocho a�os, no para de correr de un lado a otro. Hace dos meses iba al colegio. Ahora protagoniza, junto con varios miles m�s de personas, un drama humanitario, pero quiz�s sea ella la que acabe llevando a toda la familia a Espa�a, si las menores son trasladadas a la Pen�nsula. "Es el futuro, tiene que ser ella", dice Mustafa.Son m�s de las doce de la noche y nadie duerme en el pol�gono del Tarajal, y menos que nadie los ni�os. El insomnio es ley, porque cualquier peligro acecha.A la salida, un corro de magreb�es circunda a uno tirado cuan largo es en la acera, como desmayado, boca abajo. Llamamos al 112. "S�, ya han llamado hace unos minutos, se ha enviado un recurso", nos contestan. "Hace 15", dice uno de los chicos. "Mucho vino", dice otro, mirando al ca�do. Y se sientan a esperar al lado de dos montones de basura. Todo es espera estos d�as en el Tarajal.