Han pasado dos semanas desde que más de 80.000 personas entraran a Ceuta procedentes de Marruecos rodeando por el mar, o incluso a pie, el espigón del Tarajal y, a pocos metros de ese punto, frente al Mercadona de la barriada de Juan XXIII, decenas de jóvenes marroquíes se aglomeran esperando a poder comer algo. Algunos se sientan desesperados a la puerta de un par de edificios abandonados esperando a que alguien les dé dinero. Otro, Ahmed, de Chefchaouen, lleva un par de grandes cartones de embalaje de leche sobre los que dormir en “el campamento” en el que vive con otros compañeros migrantes muy lejos de allí, “en la zona del Sarchal”. Al otro extremo de la Bahía Sur.
Aunque se esperaba que el cementerio musulmán de Sidi Embarek, muy próximo a la zona por la que camina Ahmed, acogiera este jueves los primeros entierros de cuerpos no identificados de personas que fallecieron durante el cruce a la ciudad autónoma, los sepelios han sido suspendidos. Igual que el traslado de cuatro de los siete cadáveres ya identificados por ADN y huellas a Marruecos. Fuentes de la funeraria local explican que el país vecino lleva dos jornadas retrasando su salida sin dar explicación. “A pesar de contar con todos los trámites realizados no dejan entrar los restos en el país”, añade esta fuente.








