Una semana despu�s de la llegada de decenas de miles de inmigrantes a trav�s de las costas pr�ximas a la frontera del Tarajal, Ceuta se ha partido en tres. Tres ciudades distintas, separadas por apenas unos kil�metros y aparentemente irreconciliables: la Ceuta festiva del centro, la de las barriadas desbordadas y la de las playas, donde cientos de personas duermen alrededor de hogueras y rezan en una mezquita dibujada con piedras sobre la arena.Durante la noche del mi�rcoles, el presidente de la Ciudad Aut�noma ocupaba una posici�n de honor en la procesi�n de la Virgen de �frica. Los vecinos cantaban, lanzaban p�talos desde las ventanas y loaban a la patrona, mientras los bares del recorrido permanec�an atestados. En las calles del centro apenas se ve�a a inmigrantes, mientras en las barriadas m�s afectadas por la crisis su presencia es abrumadora.A pocos kil�metros, otro grupo participaba en su propia liturgia. En una playa, varios inmigrantes subsaharianos hab�an levantado una mezquita improvisada al trazar sobre la arena la silueta de un templo con piedras, palos y botellas. No hab�a paredes ni techo. Era una construcci�n simb�lica: un contorno orientado hacia La Meca alrededor del cual los hombres se reun�an para rezar.Arriba, dos mujeres rezan a la Virgen de �frica, la patrona de Ceuta. Abajo, dos inmigrantes rezan sobre la arena en la playa del Trampol�n.La celebraci�n del centro, con los comercios abiertos, los bares llenos y los turistas paseando, contrastaba con la situaci�n de barriadas como El Pr�ncipe, La Reina o Los Rosales. All�, las asociaciones vecinales hab�an habilitado un campo de f�tbol para que durmieran unas 150 mujeres y ni�as que buscaban protegerse de la violencia machista y sexual.Ceuta se hab�a convertido en un lugar especialmente peligroso para las mujeres, adolescentes y ni�as inmigrantes que llegaron sin un techo bajo el que dormir. A pocos metros de ese campo de f�tbol, una mujer lloraba desconsoladamente en casa de Sabah, una vecina que ha transformado su vivienda en comedor social, almac�n y refugio improvisado.La mujer hab�a atravesado la frontera acompa�ada por su hija. Seg�n relat�, �un hombre se ofreci� inicialmente a acogerlas en su casa�. Parec�a un buen samaritano, pero despu�s �trat� de abusar� de la menor. Cuando la madre se enfrent� a �l, �el hombre la golpe� y las expuls�, cuenta Sabah.Arriba, ambiente de compras por el centro de Ceuta. Abajo, varios inmigrantes llevan alimentos en el barrio de Los Rosales.En El Pr�ncipe se suced�an testimonios similares. Rajaa, una abuela del barrio, acogi� durante la noche a Yuli, una adolescente procedente de Agadir, despu�s de o�r a las tres de la madrugada gritos de auxilio frente a su casa. Al principio pens� que se trataba de una pelea, pero su hija le advirti� de que �varios hombres estaban abusando de una ni�a�.�Sal� corriendo de casa y empec� a gritar a esos hijos de puta�, recuerda Rajaa. �Eran cinco hombres adultos, de entre 30 y 35 a�os conocidos del barrio�. Sorprendidos por la intervenci�n de la mujer, los tipos �se fueron corriendo porque cre�an que les estaba grabando con el m�vil�.La adolescente pas� la noche en casa de esta vecina, que relata con impotencia lo sucedido a EL MUNDO: �Paramos a un coche patrulla pero no nos hicieron ni caso�. A ratos interrumpe el relato para abrazar con fuerza a la menor y besarle la cabeza. La muchacha permanece encorvada y en un evidente estado de conmoci�n. En una mezcla de castellano y dariya, Rajaa trata de consolarla: �No te voy a dejar. Ahora eres mi hija. Me tienes a m� y, adem�s, tienes una [nueva] hermana�, le repet�a en alusi�n a su propia hija, ya adulta, mientras la sosten�a con fuerza.Tras lo sucedido, la vecina logr� ponerse en contacto con la madre de la adolescente en Agadir. Sin embargo, recibi� una respuesta sorprendente: �Prefiero que te la quedes t�. Yo quiero hacer mi vida�, asegura que le contest�. �La mujer es prostituta y se desentiende totalmente de su hija. Es todo horrible e inhumano�, cuenta Rajaa, cada vez m�s nerviosa y desbordada por la situaci�n. Al igual que otros vecinos de las comunidades musulmanas de Ceuta, responsabiliza de lo ocurrido a �los hijos de puta del rey de Marruecos, Trump y Netanyahu�, a quienes acusa de �traficar con personas�.Arriba, transe�ntes por el centro de Ceuta. Abajo, un grupo de magreb�es a las puertas de un supermercado con la verja cerrada.Mientras Rajaa relataba lo sucedido desde El Pr�ncipe, la aparente normalidad del centro qued� alterada durante la tarde del jueves por las colas de menores frente a las comisar�as. Llegaban acompa�ados por voluntarios, miembros de asociaciones vecinales y trabajadores de organizaciones humanitarias para ser filiados y tratar de hallar alojamiento.La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, hab�a recordado d�as antes que la ley obliga a trasladar a los menores a la Pen�nsula en un plazo inferior a 15 d�as desde que se produce la filiaci�n. Sin embargo, la presencia de miles de menores no acompa�ados en la ciudad ralentizaba el proceso. Junto a la iglesia de El Pr�ncipe, grupos de chicas continuaban deambulando de un lado a otro en busca de un lugar seguro donde alojarse y de atenci�n m�dica.�Necesito pedir asilo. Tengo una enfermedad grave, escoliosis, y me tienen que operar�, explicaba una de ellas mientras preguntaba a los periodistas por los procedimientos para solicitar protecci�n internacional.Durante su encuentro del jueves con el Rey Felipe VI en el palacio de Marivent, Juan Jes�s Vivas se�al� que la ciudad �no ha recuperado la normalidad�. La descripci�n encajaba mejor en unas zonas de la urbe que en otras. Desde mediados de semana, los comercios del centro abr�an, la gente hac�a vida en las calles sin sobresalto y, en la v�spera de la procesi�n, bares y discotecas aprovecharon el festivo local.Finalmente, la tercera Ceuta se extend�a por las playas. All�, los inmigrantes, en su mayor�a subsaharianos, dorm�an junto a hogueras y alrededor de la mezquita construida con piedras, palos y botellas. Tambi�n aprovechaban la presencia de los periodistas para preguntar c�mo pod�an solicitar asilo o protecci�n internacional.Entre ellos hab�a personas procedentes de Sud�n, Mali, Palestina, Argelia y Yemen. Adem�s de un techo y comida, reclamaban informaci�n: una explicaci�n sobre los tr�mites que deb�an seguir para �regularizarse, solicitar protecci�n y poder trabajar�. �Pensamos que Espa�a es el mejor pa�s del mundo para emigrar. Creemos que Espa�a va a estar a la altura. Por eso mantenemos la calma, pero necesitamos que alguien nos diga qu� podemos hacer porque llevamos as� una semana en la playa�, explicaba en franc�s un joven maliense mientras se�alaba las hogueras.El chico insist�a en que entre quienes dorm�an sobre la arena hab�a personas con estudios superiores. �Espa�a dice que necesita trabajadores y aqu� hay ingenieros, psic�logos y gente que ha estudiado en la universidad y tiene un m�ster�, aseguraba.Mientras, en las inmediaciones de la plaza de �frica, varios agentes municipales ordenaron a un grupo de j�venes que abandonara el c�ntrico enclave.Uno de ellos se qued� quieto durante unos segundos sin saber ad�nde ir cuando un uniformado le espet�: �La frontera est� para all�.