Isabel Díaz Ayuso, IDA, ha compravendido un ático en Madrid, sin duda, para ver a Ceuta a lo lejos. A Ceuta y a Melilla siempre las vemos en la distancia y, desde la Península, sólo nos acordamos de ellas cuando truena.

En el último mes, los ceutíes se han sentido más solos que la luna. Desde la independencia marroquí de 1956, están a verlas venir: en la transición, a muchos les dio por comprar pisos en la barriada algecireña de San José Artesano por si las cosas venían mal dadas y tenían que ensayar una tocata y fuga como antes hicieron quienes vivían o sobrevivían del Protectorado Español, que era españolísimo pero que protegía poco. Y ahí siguen, en la cuerda floja de la convivencia --¿qué convivencia no lo es?--, intentando llevar la fiesta en paz entre cristianos, musulmanes, hindúes, hebreos y descreídos, entre canciones de Javier Marcos y de Ramón Tarrío o bulerías de El Encajero, entre el ramadán, el yonkipur y el sábado legionario, practicando día a día el viejo cantable uruguayo de Quintín Cabrera: “Vos sos del culto cristiano,/yo soy del culto judío,/¿si yo no te toco el culto,/ por qué me tocas el mío?”. O el de Jorge Drexler, con un pie forzado de Chicho Sánchez Ferlosio, impulsado por Joaquín Sabina y retocado por Luis García Montero: “Yo soy un moro judío,/ que vive entre los cristianos,/ no se qué Dios es el mío/ pero sé quienes son mis hermanos”.