Nadie puede asegurar exactamente cómo surgió en Rusia el concepto de “el espíritu de Anchorage”, pero el primer cargo político en utilizarlo fue el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, a mediados del pasado octubre. Dos meses después de la histórica cumbre de Alaska —en la base militar de Anchorage— entre Vladímir Putin y Donald Trump, el 15 de agosto de 2025, las relaciones ruso-estadounidenses iban de mal en peor.

El presidente de Estados Unidos estaba cansado de las negativas del líder ruso a poner fin a la guerra de Ucrania y optó por la presión: proporcionó inteligencia a Kiev para que atacara refinerías rusas y amenazó con entregar misiles Tomahawk a Volodímir Zelenski. Para tratar de calmar las aguas, Peskov salió a aclarar que, pese a estas turbulencias, era “optimista” basándose en “el espíritu de Anchorage”.