Los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Rusia, Vladímir Putin, celebran este viernes en Anchorage, en el Estado norteamericano de Alaska, una cumbre sobre la que cuelga la etiqueta de histórica. Ambos abordarán el futuro de la guerra en Ucrania en una reunión en la que no estarán presentes ni el líder de ese país, Volodímir Zelenski, ni los aliados europeos. El mandatario estadounidense ha manifestado que cree que su interlocutor “está listo” para un acuerdo de paz. Pero en Kiev, y en Europa, se teme que los dos mandatarios acaben llegando a un pacto que pueda sentenciar a Ucrania. A continuación explicamos las claves de esta cumbre.
Durante la campaña electoral del pasado año, Trump prometió que pondría fin a la guerra en 24 horas obligando a ambas partes a negociar. Para el estadounidense, la reunión cumple una función doble: le permite reforzar la imagen que quiere presentar al mundo de sí mismo, de un estadista que consigue la paz en conflictos imposibles de solucionar y que merece por ello un premio Nobel. Pero también desvía la atención de otros problemas en el terreno nacional, desde el resurgimiento del escándalo en torno al multimillonario pederasta Jeffrey Epstein a la impopularidad de su ley presupuestaria.













