No recuerdo, en el tiempo que llevo en la frontera, una situación similar. 15 días después de lo sucedido en Ceuta el 30 de julio, si busco las palabras que definan lo que está ocurriendo, las primeras que me vienen a la mente son ensayo y abandono.

Después de dos semanas, esto tiene las características de un ensayo. Un campo de pruebas de la narrativa repetida en bucle que homologa la migración con conceptos de guerra como amenaza híbrida. Recordemos que en 2022, mientras la masacre de Melilla- Nador impactaba con sus imágenes de cientos de personas inertes en el suelo, la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid ponía en el centro del debate la narrativa de la “guerra migratoria”. Imagino que muchas empresas de armamento y de sistemas securitarios de control deben estar frotándose las manos con lo sucedido en Ceuta, donde se han provocado las condiciones para instrumentalizar la vida de las personas y hacer realidad la narrativa de los Estados.

Es cierto que en el marco de las políticas de externalización llevamos 40 años asistiendo al uso de la migración como moneda de cambio en las negociaciones bilaterales, pero el mundo no es igual hoy que en 2021. En términos geopolíticos no podemos comparar lo sucedido en Ceuta anteriormente con lo que pasó el 30 de julio, ni tampoco hoy se puede homologar la reacción que han tenido las autoridades frente a ello. No podemos olvidar que el genocidio de Gaza ha abierto la puerta a un nuevo orden mundial y que Marruecos forma parte de ese grupo de actores que hoy ejercen el poder de la fuerza sin rendir cuentas a instituciones internacionales.