A sucesos tan espectaculares y trágicos como los de Ceuta les sigue siempre un alud de campañas mediáticas y políticas, de comentarios, análisis, interpretaciones y especulaciones de todo tipo. Aunque en un artículo de opinión pueda parecer paradójico, tal vez lo mejor, en estas circunstancias, es limitarse al ejercicio de resumir y sopesar los hechos verificados.

Algunos de estos hechos conocidos son los siguientes. El pasado viernes 31 de julio, entre 50.000 y 60.000 personas cruzaron de forma masiva e ilegal desde Marruecos hacia la ciudad autónoma de Ceuta. Lo hicieron en su inmensa mayoría a nado, a través del espigón del Tarajal. Los servicios de emergencia han rescatado del mar, hasta la fecha, cerca de un centenar de cadáveres de migrantes fallecidos en el intento, en su mayoría jóvenes y niños. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se desplazó a Ceuta y calificó la situación de “violación de la integridad territorial”. El Gobierno desplegó a las Fuerzas Armadas y dispuso cierres temporales de los pasos fronterizos. Los dos gobiernos acordaron una repatriación ordenada y en 48 horas los migrantes irregulares regresaron o fueron devueltos, casi en su totalidad, a territorio marroquí.