La ultraderecha global cabalga la crisis y los enemigos geopolíticos de la UE espolean y disfrutan la división interna al bloque

El diminuto territorio de la ciudad autónoma de Ceuta se ha convertido en el epicentro de una gigantesca lucha internacional en la que convergen múltiples intereses y planos de lectura políticos y geopolíticos.

En primer plano se halla por supuesto la relación bilateral entre España y Marruecos con las consabidas tensiones territoriales. Cualquiera que tenga un mínimo de conocimiento de causa o sentido común entiende que la llegada de decenas de miles de personas en un reducido periodo de tiempo en un lugar tan sensible y fácilmente controlable no se produciría sin la anuencia o cooperación de Marruecos, un Estado con sólidas capacidades policiales y de inteligencia. El hecho se produce poco después de una sentencia del Supremo que prohíbe devoluciones en caliente para las entradas marítimas, pero también poco después de la cristalización del reacercamiento de España a Argelia —con la visita del presidente Sánchez a Argel— y de la aprobación en la Comisión de Justicia del Congreso español del proyecto de ley que concede la ciudadanía a los saharauis nacidos en el territorio cuando era colonia española y a sus descendientes.