La crisis en Ceuta, en la que decenas de miles de jóvenes marroquíes han cruzado la frontera con España, ha mutado rápidamente en una crisis diplomática. Especialmente cuando el Gobierno italiano, pidió, el mismo jueves, la suspensión del espacio Schengen de libre circulación con España. Este exabrupto diplomático es solo el primero de la larga lista de 'agravios' que la derecha europea se quiere cobrar con el presidente español, Pedro Sánchez. En junio, Sánchez y Giorgia Meloni, primera ministra italiana, tuvieron un choque durante una reunión de líderes europeos a raíz de la política migratoria de Madrid. El origen de la disputa fue el rol de 'renglón suelto' de Sánchez en el endurecimiento de la política migratoria de la Unión Europea, que recientemente ha acordado la creación de centros de deportación fuera del territorio comunitario, siguiendo el modelo que impulsó Meloni con Albania. Fue la crítica de Sánchez a este enfoque lo que provocó los ataques de dos de las líderes más duras en materia migratoria, como son Meloni, que pertenece a la familia de los ultraconservadores europeos (ECR), pero también de la socialdemócrata Mette Frederiksen, que ha hecho de la dureza en política migratoria una de sus banderas electorales. Que Sánchez tuviera que explicar durante la cumbre a sus homólogos que la regularización afecta fundamentalmente a migrantes latinoamericanos demuestra hasta qué punto las otras capitales han seguido con atención esa cuestión. Magnus Brunner, comisario de Interior y una de las voces más duras en política migratoria, ha evitado durante meses criticar de forma directa una cuestión que el austriaco sabe que es competencia nacional, pero ha dejado críticas veladas, señalando que no podía ser una "carta blanca" para la inmigración y señalando que esas medidas afectan a los otros Estados miembros. Roma ha enfocado sus mensajes en relacionar la crisis de Ceuta con la regularización masiva del Gobierno. Antonio Tajani, ministro de Asuntos Exteriores y miembro del Partido Popular Europeo (PPE), subrayó que "las imágenes que llegan desde Ceuta demuestran cómo la decisión del Gobierno de Madrid de otorgar la ciudadanía española, por tanto europea, a más de 500.000 inmigrantes irregulares es profundamente errónea e incentiva el tráfico de seres humanos". En todo caso, la regularización otorga permiso de residencia, no ciudadanía. Como respuesta, su homólogo español, José Manuel Albares, ha llamado a consultas al embajador de Italia en España. El PP español, que tiene una relación estrecha con Tajani, ha criticado duramente que Albares convoque al embajador italiano pero no al de Marruecos. TE PUEDE INTERESAR A las críticas se ha sumado también Marine Le Pen, candidata del partido de extrema derecha Agrupación Nacional a las próximas elecciones presidenciales francesas, donde es favorita según las encuestas. En un mensaje en redes sociales Le Pen ha señalado que las entradas en Ceuta han estado "alentadas por el gobierno español", y ha conectado la crisis con algunas de sus propuestas para las elecciones presidenciales, como la exclusividad del derecho de libre circulación en el espacio Schengen a nacionales de la Unión Europea. Fabrice Leggeri, que fue director de la agencia de fronteras europea Frontex y que abandonó el puesto acusado de mala gestión por la oficina anti-fraude europea (OLAF), tras lo cual se ha unido al partido de Le Pen, ha pedido también la suspensión de Schengen con España. "Si Sánchez abandona su frontera, nosotros debemos mantener la nuestra", escribió Leggeri, añadiendo que "Francia no pagará el precio del laxismo migratorio de los socialistas españoles". Laure Lavalette, diputada de Agrupación Nacional en la Asamblea Nacional francesa y portavoz de Le Pen, ha ido mucho más allá, mandando un mensaje directo a Albares por redes sociales: "Ustedes son unos traidores. Son sus embajadores los que deberían ser expulsados de todas las capitales europeas". TE PUEDE INTERESAR Con un tono menos agresivo, pero también vinculando el incidente con la regularización, Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo (PPE), ha calificado de "alarmante" la situación, explicando que "las devastadoras imágenes son la consecuencia directa del factor de atracción de la regularización masiva duplicada con la instrumentalización de la migración ilegal". Es la misma posición que defiende la eurodiputada española Dolors Montserrat, que es también secretaria general del PPE, y que ha señalado que "Ceuta está pagando el precio por la masiva regularización del Gobierno español". "Europa no puede tolerar a un gobierno que no protege una frontera exterior de la UE y espera que el resto de Europa asuma las consecuencias", ha añadido Montserrat. Por un lado están los mensajes que tienen que ver con Schengen, como el enviado por el ministro del Interior francés, que explicó este viernes que el jueves dio "instrucciones para reforzar sin demora los controles en la frontera española". Aunque Ceuta y Melilla están dentro de ese espacio de libre circulación a nivel teórico, la realidad es que tienen un encaje especial, por el cual las salidas de ambas ciudades hacia la Península requieren controles de identidad, por lo que en realidad ninguno de los marroquíes que han entrado en ambas ciudades puede circular por Schengen. Por el otro, están los mensajes más políticos que vinculan la crisis con la regularización, algo que, hasta ahora, no han hecho cargos de Gobiernos de los Estados miembros con la excepción de Tajani. Una fractura profunda La cuestión migratoria es totalmente divisiva en la Unión Europea. La crisis de refugiados de 2015 y 2016, cuando millones de solicitantes de asilo entraron en el continente por la ruta de los Balcanes, provocó una profunda ruptura en el seno del club comunitario que todavía no se ha resuelto y que sigue provocando importantes tensiones internas. Aquella crisis provocó el colapso de los mecanismos europeos de gestión migratoria, que ha llevado diez años reconstruir. Fue precisamente España la que lideró durante su presidencia del Consejo de la UE, en la segunda mitad de 2023, el cierre de los principales acuerdos del nuevo Pacto de Migración y Asilo. TE PUEDE INTERESAR Pero desde entonces el Gobierno español ha ido quedándose notablemente solo en el debate migratorio a nivel europeo. Con un electorado que ha ido girando hacia la derecha, la mayoría de Estados miembros han ido endureciendo su posición, siendo el colofón el acuerdo sobre el reglamento de retornos cerrado este 2026, y que es el origen del choque entre Sánchez y Meloni en el Consejo Europeo de junio. La crisis en Ceuta, en la que decenas de miles de jóvenes marroquíes han cruzado la frontera con España, ha mutado rápidamente en una crisis diplomática. Especialmente cuando el Gobierno italiano, pidió, el mismo jueves, la suspensión del espacio Schengen de libre circulación con España. Este exabrupto diplomático es solo el primero de la larga lista de 'agravios' que la derecha europea se quiere cobrar con el presidente español, Pedro Sánchez.
La crisis de Ceuta da la oportunidad a la derecha europea para cobrarse sus 'cuentas pendientes' con Sánchez
La derecha europea, que ha criticado durante meses la regularización del Gobierno, defiende que la crisis en Ceuta confirma sus sospechas










