La derecha y la ultraderecha españolas se han quedado con los crespos hechos. En su fuero íntimo, habrían deseado que el gravísimo caos que ha vivido Ceuta por la irrupción masiva de unas 50.000 personas desde Marruecos, en su inmensa mayoría jóvenes, se prolongara un poco más en el tiempo. No todos los días se presenta una oportunidad de esta envergadura, con cobertura mediática internacional asegurada, para zarandear a Pedro Sánchez y presentarlo como un líder incapaz de defender la soberanía de su país y la seguridad de Europa.
Pero la “invasión” se ha desinflado sorpresivamente, mucho más rápido de lo se esperaba. Tras un par de días de incertidumbre y algunos conatos de violencia en la ciudad autónoma, prácticamente la totalidad de los “invasores” ha regresado por su propio pie a Marruecos a través de la frontera terrestre. En el camino quedaron al menos 67 muertos, todos ahogados en el mar cuando intentaban sortear el espolón que separa al país árabe de Ceuta. La ciudad, de 83.000 habitantes, está intentando retornar a la normalidad tras la experiencia sin duda traumática. Lo sucedido ha puesto en evidencia ante los ojos del mundo su vulnerabilidad frente a un régimen autocrático que nunca ha dejado de reivindicar su soberanía sobre las dos plazas españolas en el norte de África.











