Son pasadas las siete de la tarde de un miércoles de agosto. Decenas, tal vez centenares, de motos y coches continúan llegando a Platges de Comte, un conjunto de pequeñas calas abiertas en el suroeste de Eivissa, entre las favoritas para maravillarse ante sus puestas de sol. Pero este atardecer es muy distinto a los anteriores: va aparejado de un fenómeno astronómico que no ocurría desde hacía más de cien años. Un eclipse solar cuya totalidad se podrá disfrutar durante un minuto pasadas las ocho y media de la tarde.

Y este enclave de Sant Josep de sa Talaia es, precisamente, uno de los mejores puntos para observar cómo la Luna terminará por tapar el Sol en un espectáculo que desde su inicio hasta su final durará una hora y cuarto. A estas alturas de la tarde, miles de turistas ya están agolpados en cada rincón de Platges de Comte: con las toallas en la arena, tumbados en las hamacas, sentados en las terrazas de los restaurantes, cogiendo sitio en los acantilados o entregados a la fiesta en alguno de los centenares de barcos y yates que hay bordeando la costa, el doble de los que suele haber fondeando habitualmente en la cala.

Muchos de ellos cantan y bailan cuando el eclipse parcial todavía no ha empezado con los altavoces a todo volumen mientras suenan unos versos de uno de los mayores hits de Bad Bunny: Si te quieres divertir / con encanto y con primor / solo tienes que vivir / un verano en Nueva York. El espectáculo cromático -en palabras de Pedro Pérez, miembro de la Agrupación Astronómica de la isla- está a punto de dar comienzo.