Al contrario que el dinosaurio, cuando la señora consiguió ponerse las gafas, el eclipse ya no estaba allí. Mala suerte. Cien años desde el último eclipse solar no son nada, mujer. Sin embargo, otros, a las 19.15 h ya lo veían y se decían uno al otro: “fíjate, ya hay un punto por abajo y por la derecha”. En la playa de la Mar Bella en Sant Martí, a las 19.30 h se escucha por megafonía el aviso que, a partir de ese momento, no hay socorristas, que si usted decide ahogarse, llame antes al 112. Decepciona que no avisen del peligro del eclipse. Por aquí hay gafas homologadas, sin homologar, gafas de sol y gente que guiña ahora un ojo, ahora otro, en un intento supremo de engañar con sus respectivas retinas. Yo soy de estos últimos. Decidí apurar hoy y en la farmacia del barrio no me han dejado ni acabar la preguntar por estúpida.Una experta en astronomía casera avisa que necesitamos paciencia porque “entre que empieza y se hace la unión esa, tarda”. Los bancos de piedra del paseo tienen gente a los dos lados. Hoy el mar no es el único protagonista. El otro, está a sus espaldas, saliendo y escondiéndose entre los edificios. Hay personas detenidas en los puentes y los espigones. Unos levantan las manos y me recuerdan al final de Sinuhé El Egipcio, antes de la hecatombe pero es solo que están haciendo gimnasia, y eso es un síntoma de lo que está pasando. Hay algunas personas que saben que a las 20.22 h empezará el fin del mundo y otras como que les da igual, que ya lo verán luego en el móvil. En realidad, ya se percibe que, a menos que se abran los cielos y aparezca Zeus, una gran parte del público con lo que nos dan para mantenernos en tensión, el eclipse les va a saber a poco. Miro las noticias no sea que Julián Álvarez esté ya bailando sardanas en la Catedral, cuando leo que en Israel han desestimado la construcción de una prisión con cocodrilos a causa de la ley de protección de animales. Es imposible. La Naturaleza ya no tiene nada qué hacer.El Sol es un premio de mil cerezas en la máquina tragaperras del universoMe detengo en mi chiringuito favorito de la zona, BeGay, y, al poco, se oyen silbidos y es que la luz empieza a menguar. Sin embargo, el chiringuito enciende las luces no sea que no atinemos con la ensalada mediterránea y la cerveza. Pero la arena y el mar empieza a adquirir un tono azulado, cuasi bíblico que al menos a mí me asusta lo suficiente como para recordarme el miedo que me daban los peplums, las películas de Jesucristo o de egipcios, que además de temor estos me inspiraban una tristeza terrible: con sus faraones niños, con sus serpientes y sus sacerdotes calvos, su culto al Sol, sus trepanaciones y momificaciones.Que se te vaya el sol –ahora que alrededor del BeGay mientras suena Shakira, el mundo quizás esté muriendo– es un miedo infantil y cerval. Miedo a la oscuridad y a la verdad revelada de que el Sol es, al mismo tiempo, un premio de mil cerezas en la máquina tragaperras del universo y una estrella y las estrellas se apagan y los premios gordos ocurren una sola vez o nunca. También nuestro Sol se apagará. Cuando te lo dicen de niño, tratan, enseguida, de tranquilizarte asegurándote que eso sucederá dentro de muchísimos años. Unos 5.000 millones, de hecho. Pero no te sirve. Todo desaparecerá. El pasado, el presente y el futuro será engullido como si nunca hubiera existido. Esa es la evidencia. Si el Sol fuera eterno, lo seríamos nosotros como civilización de humanos. De crío te aterra esa certeza. De adulto, la cosa tampoco cambia mucho. Y hoy, la Luna ya lleva tapando el Sol un ratito. Creo que quedan dos minutos, pero ¿y si no vuelve? Me tranquilizo pensando que ha de volver porque Mercadona ha de traerme a primera hora la compra.Playa.Algunas personas creen que empezará el fin del mundo y otras como que les da igual, que ya lo verán luego en el móvilJúlia SalvadorEl primer eclipse total que recuerdo lo leí en El templo del Sol de Tintín. Sé de otros eclipses. La cobertura informativa y de entretenimiento que consiste básicamente en tenernos atados al comedero de la epilepsia hace que de Bad Bunny pasemos a la visita del Papa. De ahí al Mundial, los incendios, Ceuta, ahora el eclipse y en nada, comienza La Liga.Pero de todas las historias sobre el eclipse, me quedo con la que escuché a la periodista cultural, Laura Barrachina en RNE dando voz al escritor y divulgador Miguel Ángel Delgado sobre el astrónomo francés, Pierre Janssen. En 1870 las tropas prusianas asedian la ciudad de París y eso impide al astrónomo poder ir a contemplar el eclipse en Orán. Pero Janssen no se resigna y es hombre de recursos. Llegado el momento, se eleva en un globo y sube a los cielos de París, pasa el cerco y viaja sobre las tropas prusianas llegando a tiempo de contemplar el eclipse. A su arrojo e inventiva le debemos el descubrimiento del helio y el principio de La isla misteriosa de Jules Verne, por cierto. Pero regreso a la realidad porque mi miedo ha sido en vano: vuelve el Sol y viene a cobrarme un camarero que podrá decir que estuvo trabajando durante un eclipse. Se oyen aplausos desde el espigón. Muy tímidos. Como de “no ha estado mal, como si estuviera nublado y eso”. Pienso en Janssen que puso en riesgo su vida, en la extinción de los dinosaurios, en los aztecas y sus sacrificios diarios al Sol, y luego pienso en Nacho Cano y se me pasa la mala hostia, y me pongo a escribir: todo nos irá bien.