0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialSaturados de datos y de expectativas, hemos llegado, finalmente, al día del eclipse. Es admirable que, gracias a cálculos astronómicamente fiables, se pueda prever, con años de antelación, el horario, la duración y la altura idónea para observar el eclipse. Eso dispara la venta de gafas, la histeria de la cuenta atrás, las hipótesis paranormales y los precios de alquileres de miradores privilegiados. Getty ImagesEsta fiabilidad de la previsión, que ojalá pudiera aplicarse a Rodalies, me recuerda una anécdota atribuida, si la memoria no me falla, a Francesc Pujols. Invitados por el Observatori Fabra para observar el paso de un cometa, un grupo de tertulianos del Ateneu se organiza para ser puntuales. Les han insistido en que el cometa pasará a las tres en punto de la madrugada y, con el talento que lo ha convertido en el asteroide más incandescente de nuestra cultura, Francesc Pujols les suelta: “¡Ya serán sobre las tres y media!”.El elemento irrefutable del eclipse de hoy es la brevedadEl otro elemento irrefutable del espectáculo es la brevedad. El momento de plenitud durará, cerca de Islandia, 2 minutos y 18 segundos y aquí se acercará al minuto y medio. En la industria del espectáculo, se entiende que la oferta debe tener una duración suficiente para justificar los desplazamientos, los negocios adosados y la atención mediática. En cambio, hay hechos históricos y acontecimientos que basan su interés en la brevedad.No me refiero a los magnicidios, ni a guerras como la anglo-zanzibariana (duró tres cuartos de hora), ni a la declaración de independencia del 10 de octubre del 2017. Pero sí a las finales de los 100 metros lisos, que, pese a no llegar a los diez segundos, son la prueba más vista del programa olímpico (recuerdo: la madrugada del 24 de septiembre de 1988, en Les Cases d’Alcanar, seguimos la carrera que, dopado, permitió a Ben Johnson ganar la medalla de oro –9 segundos y 79 décimas– y, al mismo tiempo, arruinarse olímpicamente la vida. Era un televisor defectuoso y Ramon Barnils, que lideraba aquella expedición, cogía la antena para “hacer masa” y poder ver las imágenes con unas mínimas condiciones).Ojalá el momento de máxima oscuridad de hoy justifique las ilusiones y energías invertidas en los preparativos del eclipse y que, si al final las nubes lo estropean, la decepción sea proporcional a la brevedad del fenómeno.
Apoteosis de la brevedad, por Sergi Pàmies
Saturados de datos y de expectativas, hemos llegado, finalmente, al día del eclipse. Es admirable que, gracias a cálculos astronómicamente fiables, se pueda prever, con años de antelación, el horario, la duración y la altura idónea para observar el eclipse. Eso dispara la venta...














