Actualizado S�bado,
agosto
02:42Ya s� que estos d�as andamos todos muy emocionados con el eclipse, pero hay que saber que los eclipses han tenido hist�ricamente la curiosa capacidad de sacar lo peor del ser humano. Aunque hoy organizamos quedadas, reservamos hoteles y discutimos sobre qu� gafas nos compramos, hace tres mil a�os la prioridad pod�a resumirse en encontrar a alguien a quien asesinar antes de que el Sol decidiera volver a hacerse presente.Durante siglos, un eclipse no era un fen�meno astron�mico sino una crisis de Estado. Y, como ocurre en casi todas las crisis de Estado, alguien tiene que pagarla. En algunas culturas era un prisionero de guerra. En otras, un esclavo, o un desconocido que hab�a tenido la mala suerte de encontrarse en el sitio equivocado del universo en el momento equivocado.Entre los antiguos asirios y babilonios, los astr�logos interpretaban los eclipses como mensajes de los dioses dirigidos personalmente hacia su monarca. No anunciaban el fin del mundo, pero algo muy parecido: que el rey pod�a morir. Y cuando el destinatario de la profec�a eres t�, cualquier plan alternativo parece razonable, y les llev� a crear la figura del �rey sustituto�.Cuando los sacerdotes advert�an la llegada de un eclipse, el verdadero monarca abandonaba discretamente el trono y desaparec�a de la vida p�blica. Mientras, un hombre de condici�n humilde, a menudo un preso o un condenado, era vestido con ropas reales, recib�a los s�mbolos del poder, com�a en la mesa del palacio, y era tratado durante unos d�as como si gobernara, con el ambicioso objetivo de enga�ar al Sol.Sobre el papel, era un ascenso social dif�cilmente mejorable. Pero hab�a un peque�o inconveniente. Cuando el peligro, es decir, el eclipse, pasaba, y los astr�logos consideraban que los dioses ya hab�an descargado su ira sobre el rey... el sustituto era ejecutado. Al parecer, con �l mor�a tambi�n el mal augurio, y el verdadero soberano pod�a reaparecer sano y salvo.Y en ese contexto se sit�a uno de los relatos m�s antiguos vinculados a eclipses, y que recoge el Shujing, uno de los grandes textos del confucianismo. La arqueoastronom�a moderna sit�a el episodio en el quinto a�o del reinado del emperador Zhong Kang, y el eclipse solar del 22 de octubre de 2136 a. C.Ho y Hi, astr�nomos de la corte imperial, y encargados de observar, registrar y predecir los movimientos del cielo, no solo deb�an anticipar los eclipses, sino coordinar los rituales que se ten�an que activar cuando estos ocurr�an. Porque en la cosmolog�a antigua china, un eclipse no se contemplaba sin m�s. Exig�a respuesta. Cuando se sab�a que el Sol iba a desaparecer, se programaban con mucho tiempo ceremonias destinadas a restaurar el equilibrio. Pero seg�n algunas reconstrucciones tard�as, Ho y Hi no vieron venir el eclipse. Y seg�n una capa a�n m�s tard�a de la tradici�n, no lo vieron venir porque estaban borrachos.Aquello provoc� que el fen�meno sorprendiera a todos sin preparaci�n, generando confusi�n en la corte. Fallar en la predicci�n del cielo no era un error acad�mico, era un fallo institucional. Y una predicci�n incorrecta pod�a interpretarse como una grieta en esa relaci�n. De ah� que ambos fueran condenados a muerte.A miles de kil�metros, y varios siglos despu�s, los mexicas desarrollaron una l�gica distinta aunque igual de sangrienta. Para ellos un eclipse significaba que el orden del universo estaba amenazado. El Sol estaba siendo atacado por las sombras y necesitaba fuerza para continuar su viaje por el cielo. S�lo que esa fuerza ten�a nombre: sangre humana.Aunque es cierto que los sacrificios ya que formaban parte central de la religi�n mexica, estos fen�menos serv�an como excusa perfecta para ofrecer vidas a los dioses aprovechando la angustia colectiva. Cr�nicas como el C�dice Florentino de Bernardino de Sahag�n cuentan que el miedo era enorme, que se hac�an ofrendas, se entonaban plegarias y se evitaba mirar directamente al cielo.Era el peor d�a para ser albino, enano, jorobado o, simplemente, tener un aspecto poco frecuente, ya que te convert�as en sospecho de formar parte de lo sobrenatural de este mundo.Aunque no todas las cr�nicas coinciden, y los historiadores discuten hasta qu� punto estas pr�cticas fueron generales o excepcionales, el simple hecho de que existieran esos relatos muestra hasta qu� punto nuestro miedo al eclipse provocaba que anduvi�ramos buscando todo el rato un cuerpo sobre el que descargar la incertidumbre.Visto desde el siglo XXI, la historia de la humanidad resulta casi absurda pero, en el fondo, la l�gica de nuestros antepasados siempre ha sido la misma. Que cuando el Sol desaparece y nadie entiende por qu�, el ser humano siempre ha sido capaz de inventarse un culpable.














