La visión de un eclipse total de Sol ha impactado profundamente a los humanos desde la noche de los tiempos y ha dejado su huella en el arte. “Ver un eclipse total desde un lugar concreto es algo que solo podemos hacer de media cada 375 años y por eso han causado una impresión muy profunda en el ser humano”, asegura Miguel Querejeta, astrofísico e investigador en el Observatorio Astronómico Nacional, que junto a la historiadora del arte Inés Pérez Teresa, acaba de publicar el libro El Cosmos en el Arte (Akal, 2026).
Estos fenómenos, recalca Pérez Teresa, “crean sensaciones que van desde el horror hasta la más absoluta atracción”. A lo largo de la historia, argumenta, encontramos una voluntad de aprehender los eclipses, no solo desde el punto de vista puramente científico, sino también desde el ámbito más artístico. “Esto ha conducido a representaciones en todo tipo de soportes que permitan mostrar, tanto a las personas contemporáneas como a las del futuro, las sensaciones que causaron los eclipses en el momento en el que se vivieron”, asegura. “Y, a medida que avanzaba la historia y el arte iba pasando por diferentes estilos y técnicas —añade Querejeta—, las representaciones fueron cambiando y haciéndose cada vez más diversas”.













