Caty Arévalo |

Madrid (EFE).- Los seres humanos tenemos pocas certezas: nacemos, morimos; el Sol sale por la mañana y se pone por la noche. La oscuridad que genera un eclipse solar a pleno día «toca de un modo muy profundo una de esas certezas», y ha provocado toda clase de emociones a lo largo de la historia.

Hasta que la ciencia describió el movimiento de los cuerpos celestes, hizo predicciones fiables de los eclipses y ese conocimiento científico caló en la población, las civilizaciones idearon innumerables mitos y leyendas “para encontrar respuestas a un fenómeno que toca de lleno una de las grandes certezas humanas”, explica Eva Villaver, subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias, en una entrevista con EFE.

«Ningún suceso hay ya inesperado, ni increíble, ni maravilloso; cuando Zeus, Padre de los Olímpicos, de un mediodía hizo noche, ocultando la luz del Sol brillante. Desde entonces cualquier cosa resulta creíble y esperable a los humanos», escribía en el siglo VII antes de Cristo el poeta griego Arquíloco de Paros, en unos versos conservados en papiro en la Universidad de Oxford.

Abandonados por los astros