Un eclipse total de Sol no es m�s que un alineamiento muy preciso entre el Sol, la Luna y la Tierra. No hay mayor secreto, y se trata de una configuraci�n geom�trica de muy corta duraci�n: hoy sabemos que en los eclipses m�s largos la oscuridad apenas dura, en el punto donde alcanza su m�ximo, unos siete minutos. Sin embargo, en contraste con su brevedad, a lo largo de la Historia algunos eclipses han dejado una huella que ha perdurado durante siglos. Esa repentina oscuridad que sucede en pleno d�a, tan desconcertante, ha influido a veces en decisiones pol�ticas, ha inclinado el desenlace de una batalla o ha definido el curso de una expedici�n. Y, sobre todo, esos breves instantes de oscuridad han abierto nuevas v�as para la Ciencia; en particular, nos han ayudado a comprender mejor varios aspectos del universo.Desde la guerra entre medos y lidios en el siglo VI a. C. hasta las c�lebres expediciones de 1919 que pusieron a prueba la relatividad general de Einstein, los eclipses siempre han sido mucho m�s que meros espect�culos celestes. Han actuado como detonantes de cambios, herramientas de conocimiento o han sido capaces de alterar la conducta humana.Ahora, la proximidad del excepcional Tr�o de Eclipses que disfrutaremos desde Espa�a, con el primero de los tres en este 12 de agosto, es buen momento para repasar unos cuantos eclipses que nos muestran c�mo unos pocos minutos de oscuridad, al producirse en pleno d�a, pueden tener grandes consecuencias. Son eclipses que, de una manera u otra, han marcado el rumbo de la Historia.Para saber m�sLa paz inesperadaEstamos en la pen�nsula de Anatolia en la primavera del a�o 585 a. C. Aqu� dos grandes potencias de Oriente Pr�ximo, medos y lidios, libran una guerra que se prolonga desde hace ya cinco a�os. El 28 de mayo, en plena batalla y cuando ninguno de los dos ej�rcitos estaba dispuesto a ceder, el Sol comenz� a oscurecerse hasta desaparecer por completo. La inesperada oscuridad sembr� el desconcierto entre los combatientes y, convencidos de que se trataba de un mensaje de los dioses, ambos bandos interrumpieron el combate y se dispusieron a negociar la paz.Este episodio fue relatado por Her�doto, quien a�ade un detalle extraordinario: el eclipse habr�a sido anunciado con anterioridad por Tales de Mileto a los jonios. Lo cierto es que Her�doto no da detalles de la predicci�n, pero si su relato es exacto, esta ser�a la primera predicci�n documentada de un eclipse solar en la historia de la humanidad.Los historiadores de la Ciencia dudan de que Tales pudiera calcular con precisi�n el lugar en el que iba a verse un eclipse total. Es posible que anticipase simplemente que aquel a�o podr�a producirse un eclipse, bas�ndose quiz�s en los ciclos de eclipses que eran ya conocidos por los astr�nomos babilonios. Pero es m�s dif�cil de creer que pudiese predecir el lugar exacto desde el que ser�a visible, pues los conocimientos astron�micos de la �poca dif�cilmente permit�an determinar algo as�. Tampoco es imposible que Her�doto adornara la historia con esta predicci�n cuando escribi� su relato, un siglo despu�s de los hechos.La mec�nica celeste permite hoy reconstruir con extraordinaria precisi�n eclipses ocurridos hace miles de a�os. Los c�lculos astron�micos modernos confirman que el 28 de mayo de 585 a. C. un eclipse total de Sol cruz� precisamente la regi�n donde se enfrentaban ambos ej�rcitos, junto al r�o Halis, lo que resulta coherente con el relato de Her�doto. Seg�n el historiador, este r�o marcar�a desde entonces la frontera entre ambos reinos que celebraron juramentos, concertaron bodas mutuas y se hicieron una incisi�n en los brazos para lamerse la sangre unos a otros como se�al de paz.M�s all� de que realmente pusiera fin a la guerra o de que Tales lograra predecirlo con exactitud, este eclipse ilustra espl�ndidamente dos maneras de contemplar el cielo: la que ve�a en los fen�menos celestes la voluntad de los dioses y la que buscaba en estos eventos las leyes naturales interpretables con la raz�n. As�, Tales, uno de los Siete Sabios de la Antig�edad, puede simbolizar el momento en que el pensamiento griego empieza a sustituir la explicaci�n m�tica por la explicaci�n racional de los eclipses.Grabado de E. Kirkhall en el que se ve a un grupo de jinetes observando un eclipse solar total en 1724.El calendario de la Antig�edadA diferencia de otros eclipses c�lebres, el del 15 de junio de 763 a. C. no detuvo guerras, ni inspir� descubrimientos cient�ficos, ni marc� ning�n acontecimiento dram�tico. Su importancia radica en algo mucho menos espectacular, pero es de un valor incalculable para los historiadores: permiti� fijar con precisi�n el calendario de la Antig�edad.Adem�s de ser una de las primeras grandes civilizaciones, Mesopotamia es tambi�n uno de los lugares donde naci� la escritura. Gracias a ello nos ha legado algunos de los registros hist�ricos continuados m�s antiguos, en su mayor�a en la forma de escritura cuneiforme sobre tablillas de barro. De esta manera, los asirios llevaron durante siglos un meticuloso registro de los acontecimientos celestes m�s importantes, incluyendo los eclipses. En lugar de numerar sus anales, identificaban cada uno con el nombre de un alto funcionario, los llamados limmu o ep�nimos. Gracias a esas listas, los cronistas pod�an ordenar los a�os de forma continua, aunque hasta hace poco no era posible relacionarlos con una fecha absoluta seg�n nuestro calendario.En una de esas listas aparece una anotaci�n excepcional. En el a�o d�cimo del rey asirio Assurdan III se consigna que �en el mes de Simanu ocurri� un eclipse de Sol�, y ese a�o recibi� el nombre de �eclipse solar de Bur-Sagala�. Durante siglos, esa breve frase fue poco m�s que una curiosidad. Pero al calcular retrospectivamente los eclipses del pasado, los astr�nomos modernos descubrieron que s�lo uno encajaba exactamente con esa descripci�n: el del 15 de junio de 763 a. C., que fue bien visible en buena parte del imperio asirio.Este hallazgo ha proporcionado un punto fijo para datar toda la cronolog�a asiria hasta el siglo X a. C. con suma precisi�n y, utilizando las listas de reyes asirios, se ha podido extender la dataci�n hasta finales de la Edad del Bronce, en torno al siglo XIII a. C. en que Asiria resurge como una gran potencia. Gracias a este eclipse sabemos hoy las fechas de reinado de los monarcas, las campa�as militares, las inscripciones reales y numerosos acontecimientos mencionados tambi�n por babilonios, egipcios, israelitas y otros pueblos del Pr�ximo Oriente durante casi 1.000 a�os.Vemos, pues, c�mo unos minutos de oscuridad registrados hace casi 3.000 a�os se ha podido convertir una sucesi�n relativa de acontecimientos en una cronolog�a absoluta. Gracias al eclipse y a una anotaci�n de apenas media l�nea escrita sobre una tablilla de barro se ha reconstruido casi un milenio de historia. Ciertamente este eclipse no cambi� el curso de la Historia, pero pocas veces un fen�meno astron�mico ha tenido consecuencias tan profundas para el conocimiento hist�rico.Crist�bal Col�n, salvadoSitu�monos ahora en la costa de Jamaica y en febrero de 1504, donde Crist�bal Col�n est� viviendo uno de los momentos m�s dif�ciles de su vida. Durante su cuarto y �ltimo viaje al Nuevo Mundo, sus naves han quedado inutilizadas y la expedici�n lleva meses esperando un rescate que no termina de llegar. Las relaciones con los ind�genas ta�nos, que al principio hab�an suministrado alimentos a los europeos, se van deteriorando muy r�pidamente y la situaci�n amenaza con volverse desesperada.Como buen navegante, Col�n lleva a bordo unas tablas astron�micas, en concreto unas efem�rides del astr�nomo alem�n Johannes Regiomontano donde figuraban las fechas previstas para los eclipses de los a�os siguientes. Al comprobar que la noche del 29 de febrero de 1504 iba a producirse un eclipse total de Luna, decidi� aprovechar aquel conocimiento en su beneficio.Reuni� a los caciques locales y les advirti� de que el Dios de los cristianos estaba indignado por el trato que recib�an sus hombres. Como prueba de su ira, anunci� que aquella noche la Luna se te�ir�a de sangre. Cuando el eclipse comenz� y nuestro sat�lite fue oscureci�ndose poco a poco, el efecto fue tan impresionante como Col�n esperaba y los ind�genas, atemorizados, accedieron a reanudar el suministro de alimentos.Col�n aprovech� el eclipse de la noche del 29 de febrero de 1504 para apaciguar a los ind�genas usando la supuesta ira del Dios cristiano Seg�n el relato de su hijo Hernando y de otros cronistas, Col�n esper� un momento oportuno antes de anunciar que Dios aceptaba el arrepentimiento de los ta�nos y que la Luna recuperar�a pronto su brillo. Cuando el eclipse termin�, su prestigio qued� temporalmente restaurado y la expedici�n pudo sobrevivir hasta la llegada del ansiado rescate.Aunque la dataci�n del eclipse es indiscutible, la verdad es que no estamos seguros de si todo este episodio ocurri� realmente como nos cuentan las cr�nicas. No obstante, el acontecimiento ilustra el poder que confer�a entonces el conocimiento astron�mico.Este episodio acab� convirti�ndose en un recurso literario. Mark Twain lo traslad� a la corte del rey Arturo y Herg� hizo que Tint�n escapara de la muerte gracias a un eclipse. Es una prueba m�s de que pocos fen�menos naturales poseen una fuerza narrativa comparable a la del Sol o la Luna cuando desaparecen en el firmamento.Un nuevo elemento fuera de la TierraDurante siglos, los eclipses solares totales constituyeron la �nica oportunidad de estudiar la misteriosa corona solar. Solo la invenci�n del coron�grafo por Bernard Lyot en 1930 permiti� observarla de manera rutinaria. Una de las campa�as m�s fruct�feras tuvo lugar durante el eclipse del 18 de agosto de 1868, que fue visible desde la India. Para la ocasi�n, se desplazaron all� numerosos astr�nomos equipados con un instrumento relativamente nuevo: el espectroscopio.Desde pocos a�os antes, los f�sicos sab�an que cada elemento qu�mico emite y absorbe luz en unas longitudes de onda caracter�sticas, formando una firma inequ�voca, un aut�ntico c�digo de barras luminoso. Analizando el espectro del Sol o de cualquier estrella era posible empezar a averiguar su composici�n sin necesidad de ir all� a tomar una muestra. Era una idea revolucionaria que todav�a estaba dando sus primeros pasos.Durante este eclipse en la India, el astr�nomo franc�s Jules Janssen observ� en las protuberancias solares una intensa l�nea amarilla que no coincid�a con la de ning�n elemento conocido. Poco despu�s, y de manera independiente, el astr�nomo brit�nico Norman Lockyer, que analizaba observaciones espectrosc�picas del Sol desde Inglaterra, lleg� a la misma conclusi�n: aquella se�al deb�a de pertenecer a un elemento hasta entonces desconocido.Lockyer propuso llamarlo helio, en honor a Helios, el dios griego del Sol. Como suele suceder, la comunidad cient�fica acogi� inicialmente esta idea con cautela. Parec�a extraordinario anunciar el descubrimiento de un elemento qu�mico que nadie hab�a encontrado en la Tierra. Y habr�an de pasar casi treinta a�os, hasta que en 1895 William Ramsay aisl� el gas helio a partir de un mineral terrestre, para confirmar que los astr�nomos hab�an tenido raz�n.Era la primera vez que un elemento qu�mico se descubr�a fuera de nuestro planeta antes que en �l. Aquel eclipse de 1868 confirm� de manera espectacular que la luz que nos llega de las estrellas contiene informaci�n valios�sima sobre su naturaleza f�sica y qu�mica: hab�a nacido la Astrof�sica.El triunfo de la relatividadCuando Albert Einstein public� la teor�a de la relatividad general en 1915, sus ecuaciones describ�an un universo muy distinto del imaginado por Isaac Newton. Seg�n esta teor�a revolucionaria, la gravedad dejaba de interpretarse como una fuerza que actuaba a distancia y pasaba a entenderse como la manifestaci�n de la curvatura del espacio-tiempo provocada por la materia. Una de sus predicciones m�s sorprendentes afirmaba que la luz de las estrellas deb�a desviarse ligeramente al pasar cerca del Sol.Comprobar aquella idea parec�a imposible, pues el intenso resplandor solar impide observar las estrellas situadas en sus proximidades. Pero durante un eclipse total, el disco del Sol queda oculto por la Luna y algunas estrellas brillantes se hacen visibles durante unos minutos en sus proximidades.La primera gran oportunidad para poner a prueba las ideas de Einstein lleg� el 29 de mayo de 1919. La Royal Society y la Royal Astronomical Society, a propuesta, entre otros, del astr�nomo real, Frank Watson Dyson, organizaron conjuntamente dos expediciones cient�ficas. La primera, capitaneada por el prestigioso astr�nomo Arthur Eddington, fue a la isla de Pr�ncipe, en el golfo de Guinea, y la segunda, dirigida por dos astr�nomos del Observatorio de Greenwich, Crommelin y Davidson, se instal� en la ciudad brasile�a de Sobral. Aprovechando la duraci�n r�cord de la totalidad de este eclipse (hasta 6 minutos y 51 segundos en el m�ximo), desde ambas expediciones se fotografiaron las estrellas que aparec�an alrededor del Sol eclipsado para comparar posteriormente sus posiciones con im�genes obtenidas cuando el Sol ya no estaba en esa regi�n del cielo.En 1919, un eclipse r�cord de casi siete minutos proporcion� el primer gran respaldo a la teor�a de la relatividad general de Albert EinsteinLos resultados indicaron que la luz se hab�a desviado muy aproximadamente en la cantidad predicha por Einstein. Y aunque el an�lisis de aquellas placas fotogr�ficas ha sido objeto de revisiones y debates posteriores, el resultado esencial ha sido confirmado con enorme precisi�n por observaciones mucho m�s modernas. Aquellas observaciones proporcionaron el primer respaldo experimental importante a la relatividad general.Con el tiempo, el episodio ha pasado a conocerse popularmente como el eclipse de Eddington. Sin embargo, muchos historiadores consideran que ser�a m�s justo hablar del experimento o del eclipse de Dyson-Eddington, ya que Frank Watson Dyson desempe�� un papel decisivo en la organizaci�n cient�fica de las expediciones.Los resultados de las medidas dieron la vuelta al mundo. Los peri�dicos presentaron el resultado como el nacimiento de una nueva forma de entender la gravedad. Por ejemplo, The New York Times titul� La teor�a de Einstein triunfa y, as�, el nombre de Einstein pas� de ser conocido �nicamente en los c�rculos cient�ficos a convertirse en un s�mbolo universal del genio. Ning�n otro eclipse ha tenido un impacto comparable sobre la percepci�n p�blica de la Ciencia.Un eclipse sigue siendo exactamente el mismo alineamiento de tres astros que describ�amos al comienzo. Lo que ha cambiado profundamente es nuestra manera de interpretarlo. Hoy podemos predecir un eclipse con una precisi�n de fracciones de segundo y calcular los que ocurrieron hace milenios o los que suceder�n dentro de otros tantos. Esa capacidad de predicci�n es el hilo conductor de toda esta historia. Algunos eclipses han marcado el rumbo de la Historia. Pero, sobre todo, cada vez que suceden nos recuerdan que vivimos en un universo lleno de maravillas. Y quiz� la mayor de todas ellas sea que ese universo es inteligible para la raz�n humana.*Rafael Bachiller es astron�mo, divulgador y director del Observatorio Astron�mico Nacional (IGN)
De la ira de los dioses a la relatividad de Einstein: cinco eclipses solares que cambiaron la Historia de la Humanidad
Un eclipse total de Sol no es m�s que un alineamiento muy preciso entre el Sol, la Luna y la Tierra. No hay mayor secreto, y se trata de una configuraci�n geom�trica de muy...













