España protagoniza un acontecimiento astronómico que tardará miles de años en repetirse. El eclipse total de sol de este 12 de agosto no solo será el primero de un insólito trío ibérico —se repetirá en 2027 y en 2028 aunque este último será anular—, sino también un fenómeno extraordinariamente improbable para un territorio tan pequeño. Una circunstancia "absolutamente marciana", según define el astrofísico Fernando Jáuregui, que convertirá al país en el epicentro mundial de la observación astronómica durante tres años consecutivos. Jáuregui, que colabora con la Federación Española para la Ciencia y la Tecnología, cuenta a 20minutos todos los detalles que rodean a un fenómeno que no solo transformará el cielo durante unos minutos, sino también todo lo que ocurre en el entorno terrestre. El paisaje cambiará de color, la temperatura caerá de golpe, se levantará una brisa repentina y hasta los animales modificarán su comportamiento ante una noche que llegará antes de tiempo."Al ocultarse el sol que, un momento antes, todo lo hacía dos, tres, cien veces más grande y mejor con sus complicaciones de luz y oro, todo, sin la transición larga del crepúsculo, lo dejaba solo y pobre [...], ¡Qué tristes y qué pequeñas las calles, las plazas, las torres, los caminos de los montes!". Platero parecía, allá en el corral, un burro menos verdadero, diferente y recortado", este fragmento literario escrito por el poeta andaluz Juan Ramón Jiménez en su libro Platero y yo —capítulo IV titulado El eclipse—, no estaba alejado de la realidad. Jáuregui explica que ese ambiente "tétrico" y "mortecino" descrito por el autor tiene una explicación científica. En apenas unos minutos, la luz cae tan deprisa en un eclipse total de sol que el cerebro no es capaz de adaptarse al cambio, alterando la percepción de los colores y del paisaje. No son los ojos los que fallan, sino el cerebro el que se queda sin tiempo para asimilar la pérdida repentina de luz. El astrofísico lo describe como "una crisis en la que la información no se procesa correctamente". A diferencia del atardecer, cuando la oscuridad llega de forma gradual, durante un eclipse total como el que ocurrirá el 12 de agosto esa transición sucede en minutos. Como consecuencia, los ciudadanos comenzarán a notar que "los colores rojos casi no se perciben, se potencian los azules y los verdes y tanto el paisaje como las personas adquieren un aspecto tétrico, mortecino, con un tono diferente al habitual", asegura Jáuregui. Este efecto no sucede desde que comienza el eclipse en el territorio español, sobre las 19.36 horas, sino que ocurrirá en los últimos cinco o diez minutos antes de la totalidad debido a que la caída de la luz en ese momento es muy rápida. "En la transición de la parcialidad a la totalidad nuestra percepción de los colores cambia. Ese efecto es debido a la gran diferencia de luminosidad ambiental entre los distintos momentos del eclipse", concreta el astrofísico. El fenómeno terminará sobre las 21.15 horas, según fuentes del Ministerio de Ciencia. Esta alteración visual se debe a dos tipos de células que tiene la retina humana: los conos y los bastones. Los conos permiten una visión en color, pero solo funcionan en condiciones de alta luminosidad, es decir, con luz solar. Cuando llega la noche, los conos no se activan por lo que solo quedan los bastones, que no tienen la capacidad para diferenciar los colores. En los crepúsculos, este cambio de la luz del día a la de la noche dura horas por lo que dicha transición está bien procesada por el cerebro. Sin embargo, el cambio de la parcialidad a la totalidad en un eclipse de sol es muy brusco. Durante ese cambio hay un momento en el que se recibe la visión en color muy debilitada de los conos y, sumada a ella, la señal en blanco y negro de los bastones. "En esos momentos la percepción del color cambia de manera apreciable y parece que todo adquiere un aspecto un poco fantasmal", describe el experto. A esto se le llama el efecto Purkinje, que funciona también en otras especies de animales.Descenso de la temperatura y el viento del eclipse La percepción de los colores no es el único cambio que los ciudadanos notarán durante el eclipse. La temperatura se verá afectada, descendiendo 3 ºC de golpe. Jáuregui explica que "el Sol es una estufa y la Luna, al bloquearlo, apaga dicha estufa. La bajada del termómetro se notará menos que en 2027, cuando caerá 7 ºC". Esta diferencia ocurre porque el eclipse del año que viene será a mediodía y el del 12 de agosto muy próximo al atardecer, cuando las temperaturas ya no son tan altas.Con respecto al viento del eclipse, ocurre lo mismo que con las temperaturas, al bloquearse la radiación del sol que calienta el suelo, el aire no asciende. El astrofísico concreta que "las corrientes se enfrían y se mueven en diferentes direcciones, esto hace que se levante una brisa de forma repentina durante la franja de totalidad". Comportamientos anómalos de los animales El fenómeno astronómico pillará por sorpresa a los animales, para estos se hará de noche de forma repentina y comenzarán a actuar como cuándo cae el sol. Algunas especies se irán a dormir durante unos minutos y otras se despertarán. "Ningún animal mira directamente al sol pero notarán la bajada de la luz y de la temperatura por lo que pensarán que es de noche y actuarán en base a ello", analiza el experto. El problema radica en que se produce una caída muy intensa de la luz en los últimos cinco minutos antes de la totalidad. Jáuregui concreta que "esto genera situaciones como que una abeja que haya ido a por néctar le pille la 'noche' de pronto y no le dé tiempo a volver. Esto puede provocar estrés a los animales y una sensación de desorientación". ¿A qué hay que prestar atención durante la observación? Fernando Jáuregui recomienda que en los cinco o diez minutos anteriores a la totalidad los ciudadanos estén atentos a lo que sucede en el entorno. "Las gafas de eclipse sirven para ver cómo la Luna va avanzando pero lo extraordinario ocurre a a nuestro alrededor, hay que quitárselas (sin mirar directamente al Sol) para fijarse en las sombras, percibir los colores, sentir la bajada de las temperaturas o el viento del eclipse", aclara el experto. Para el astrofísico, "el eclipse de este 12 de agosto es para sentirlo, para vivirlo y para disfrutarlo con los seres queridos". Jáuregui narra con entusiasmo como esos fenómenos se recuerdan "igual que el Mundial de fútbol, las personas que lo siguen saben exactamente desde dónde lo vieron y con quién, es algo que nunca se olvida".Bulos sobre los eclipsesEn la creencia popular y en las redes sociales circulan muchos bulos relacionados con los eclipses, sobre todo en el ámbito de la salud. Estos últimos son los que preocupan a las autoridades, desde el Ministerio de Ciencia han promovido una campaña para concienciar a la población sobre el uso de gafas de eclipse homologadas con la norma ISO 12312-2 ante la creencia errónea de que para observarlo se pueden emplear radiografías, cristales ahumados, gafas de sol convencionales, carretes de fotos, CD o espejos. No usar esta protección ocular puede producir retinopatía solar, una lesión que causa visión borrosa, distorsión y un punto ciego central que dificulta actividades como la lectura. En algunos casos, exponerse a un eclipse sin las gafas certificadas se ha asociado a la aparición de un agujero macular, una perforación en la zona central de la retina que puede requerir cirugía.
El astrofísico Fernando Jáuregui revela la otra cara del eclipse: "Lo extraordinario no está en el Sol sino en el entorno"
El paisaje cambiará de color, la temperatura caerá de golpe, se levantará una brisa repentina y hasta los animales modificarán su comportamiento este 12 de agosto en la franja de totalidad.














