Actualizado Mi�rcoles,

agosto

22:30��No falta nada, mam�! �No falta nada, se va a ver completo!", grita Teo mientras corre por el camino de piedra que bordea el castillo de Monforte de Lemos, enfundado en un traje de astronauta naranja, con el parche de la NASA cosido al pecho. Tiene ocho a�os y apenas alcanza a sus primos, Marco y Roi, cuando la luz empieza a retirarse de golpe sobre la explanada del Parador, abarrotada despu�s de horas de espera. La multitud se agita nerviosa, unos rebuscan el m�vil, otros ajustan deprisa la c�mara y, en la zona de chill out, donde llevan toda la tarde sirviendo bebidas, la m�sica baja de repente y hasta una camarera deja lo que est� haciendo para mirar arriba. A las 20.29 llega la totalidad: durante 41 segundos, la tarde de agosto se convierte en noche. Cuando reaparece el primer filo de Sol, el castillo entero estalla en aplausos.Para entonces, los alrededores de la fortaleza llevaban horas convertidos en un peque�o campamento astron�mico: sillas plegables, tr�podes, teleobjetivos y gafas oscuras de todas las formas posibles. A algunos ni�os sus padres se las hab�an pegado incluso a platos de cart�n para que no acabaran en el suelo en el peor momento. Monforte estaba dentro de la estrecha franja desde la que la Luna ocultar�a por completo el Sol, uno de los puntos privilegiados del primer eclipse total visible desde la Pen�nsula Ib�rica en m�s de un siglo. Durante unas horas, la colina pareci� pertenecer solo al cielo.Para saber m�sLa fiebre hab�a empezado meses antes. �En noviembre ya hab�amos cerrado pr�cticamente todo y desde entonces hemos tenido que decir a much�sima gente que no hab�a sitio�, explica Sara Espinosa, jefa de recepci�n del Parador. Ni siquiera el completo fren� a los �ltimos optimistas. �Esta ma�ana vino una familia de Vigo con los ni�os para preguntar si hab�a quedado alg�n hueco y tuvimos que decirles que no. Tambi�n ha venido gente con la reserva caducada, a ver si colaba�.Entre la multitud se escucha gallego y castellano, pero tambi�n italiano, dan�s e ingl�s. Han llegado viajeros espa�oles, europeos y un buen pu�ado de estadounidenses. Algunos han encajado el fen�meno en sus vacaciones. Otros han construido las vacaciones alrededor de esos segundos de oscuridad. Marlon Sandler pertenece al segundo grupo. Jubilado y llegado desde Houston lleva horas apostado en primera l�nea con un gran teleobjetivo orientado al horizonte y una sonrisa que le resta de golpe unos cuantos a�os. �Llevo un a�o planeando este viaje s�lo por el eclipse�, explica. La ruta estaba medida para hacer el Camino de Santiago y cuadrar las etapas de forma que este 12 de agosto los encontrara aqu�. �Lo organizamos para que nos cogiera en un lugar privilegiado y elegimos este�.No es astr�nomo, es un aficionado, aunque procede de la ciudad que alberga el Centro Espacial Johnson de la NASA y habla de estos fen�menos con familiaridad. �Ya hab�a intentado ver dos eclipses y no pude en ninguno. �sta ha sido la primera vez�. Despu�s de dos intentos fallidos, un a�o de preparativos y miles de kil�metros, sus 41 segundos por fin han salido bien.A pocos metros, espera Fernando Mart�nez, f�sico llegado de Murcia despu�s de estudiar qu� lugares ofrec�an mejores condiciones. Junto a �l descansa un telescopio equipado con una CCD, un sensor que recoge y acumula la luz durante la exposici�n. �Es como una c�mara que capta la luz y la va acumulando�, resume. Y no se lo guarda para s�: lo ha colocado en primera l�nea para que cualquiera pueda asomarse, mientras adultos y ni�os van pasando como una peque�a cola de museo.Para los m�s peque�os, adem�s, el cielo no era del todo un desconocido. Entre quienes acudieron este agosto a contemplar el eclipse hab�a alumnos y profesores del IES A Pinguela, un instituto especialmente ligado a la astronom�a gracias al planetario Mat�as V�zquez, impulsado por el profesor de F�sica. El primer montaje naci� en 1990 y seis a�os despu�s se inaugur� la instalaci�n actual, la �nica exterior de un centro educativo en Galicia, cuando aquella experiencia inicial se qued� peque�a. Desde entonces, varias generaciones han aprendido all� a reconocer constelaciones, a orientarse en el firmamento y a mirar arriba sabiendo qu� ven.V�zquez recuerda que todo empez�, precisamente, por no saber hacerlo. Cuando sali� de joven con otros compa�eros a intentar observar el cometa Halley, descubri� que ten�an el cielo entero delante pero ninguna herramienta para leerlo. �Nos dec�an que hab�a que mirar hacia la constelaci�n de Tauro y nosotros tampoco sab�amos d�nde estaba�, recuerda. A�os despu�s, ya como profesor, decidi� que sus alumnos no pasaran por la misma experiencia y construy� con ellos una primera c�pula de cart�n junto a un rudimentario proyector de estrellas. �Conseguimos que los chicos lo entendieran, que se aficionaran, y lleg� un momento en que ya no cab�a la gente�.De aquel artefacto casi artesanal se pas� a una c�pula mayor, de unos seis metros, levantada entre no pocas dificultades y convertida con el tiempo en una peque�a rareza educativa de Monforte. Por eso tampoco sorprende que este agosto profesores y alumnos hayan vuelto a reunirse alrededor del cielo, despu�s de semanas de actividades y preparativos en el centro. �Al final se trata de ense�ar a la gente a mirar, a entender lo que tiene delante y a poder disfrutar de verdad de un momento hist�rico�.