Crónica de una jornada marcada por la incertidumbre de si las nubes dejarían ver o no el eclipse desde la costa

A las once de la mañana, la playa de Vega, en el oriente asturiano, está mucho más poblada de lo habitual.

Hay bruma. Lastres, a 21 kilómetros y normalmente visible desde aquí, amanece hoy escondida. Hace calor. En la arena aún resisten los muros construidos el día anterior para frenar la subida de la marea.

—¿Se verá? —pregunta una señora.

—El tiempo en Asturias es una lotería —le responden.