De acuerdo con los pronósticos, nos esperan dos o tres días de cierta alerta oftalmológica. Los eclipses no suelen provocar un impacto general sobre la salud pública, pero las autoridades sanitarias se han puesto en guardia por si las moscas. La experiencia nos dice que siempre aparece algún paciente con la visión nublada y no hay que descartar las fotoqueratitis y las retinopatías tenaces. Aunque vayamos sobrados de información y extrememos las precauciones, no es raro que alguien caiga víctima de unas gafas impropias, una ojeada temeraria o un descuido sin perdón.PublicidadEn los últimos días, las redes sociales se han llenado de memes satíricos que invitan a enfrentarse al sol sin filtros normativos ni zarandajas woke: un amante del libre albedrío debería tener criterio propio en vez de dejarse arrastrar por el berrido borreguero de los protocolos médicos. A estas alturas del Holoceno, uno ya no sabe bien dónde termina la realidad y dónde comienza el sarcasmo. Después de todo, las televisiones nos han acostumbrado al terraplanismo de Javier Poves y a las chaladuras dermatológicas de Marcos Llorente. Bienvenidos a Todo es mentira, hoy se enfrentan en nuestro plató el director del Planetario de Madrid y el tiktoker @nosfumigan.La derecha acientífica, hija de todas las supersticiones, juega a interpretar las recomendaciones sanitarias como una amenaza contra las libertades individuales. En 2021, en coherencia con las conclusiones de la OMS y la AESAN, Alberto Garzón invitó desde su ministerio a reducir el consumo de carne. Le cayó una bronca de cuidado. Pablo Casado pidió al Gobierno que no se metiera en nuestros platos. Los conservadores movilizaron el hashtag #YoComoCarne y Juan Ignacio Zoido tuiteó la foto de un filete empanado que haría llorar a un cardiólogo. La cosa se salió tanto de madre que Pedro Sánchez hubo de terciar a favor de los filetes.La escena se repitió pocos meses después, cuando Garzón propuso limitar la publicidad de bollería industrial dirigida a menores. "Drogas, sí; dulces, no", ironizó Isabel Díaz Ayuso. Ismael Sirio López, estratega digital del PP, se fotografió zampándose una tableta de chocolate en una estampa doméstica que rezumaba caries y diabetes. Los vástagos del PP no hacen otra cosa que seguir la estela de José María Aznar, el expresidente que desafió las campañas de la DGT defendiendo su derecho a echarse un vino al volante. Su discurso es un manifiesto programático de la barbarie. A los señoritos no les gusta que la civilización les ponga límites.En mis redes sociales, un farmacéutico ridiculiza a varios magufos que desconfían del eclipse porque el cielo desprende emanaciones demoníacas o porque el Gobierno de Sánchez ha regalado gafas. En otro vídeo, el muchacho rebate a una periodista que escribe tochos infumables sobre vacunas y milita en el lobby antiabortista Hazte Oír. Tiro del hilo hasta llegar a YouTube. Durante una entrevista en El Toro TV, la presentadora comete un leve tropezón verbal y describe a la susodicha como defensora del protocolo del “latido fecal”. El hallazgo me arranca una fugaz sonrisa. Al fin y al cabo, las cacas también tienen su corazoncito.Publicidad¿Por qué existe un vínculo tan persistente entre las pseudociencias y los nuevos populismos reaccionarios? Sometidas a una crisis de prestigio, las viejas instituciones han visto despuntar todo un ecosistema de nuevas credulidades. En los bajos fondos de internet, la evidencia científica se presenta como una mera opinión corrompida por intereses crematísticos. Los grupos de mensajería nos proporcionan una reconfortante sensación de pertenencia bajo el techo común de un mismo credo. A la vez, los algoritmos premian el exabrupto en detrimento de las dudas y los matices argumentales. La derecha populista ha encontrado aquí su más rentable caladero.En su Ensayo sobre la ceguera, José Saramago planteaba una pregunta sugerente: ¿qué ocurriría si todos nos quedáramos ciegos al mismo tiempo? Las normas que rigen la convivencia se resquebrajarían. Las estructuras mismas de la civilización quedarían en entredicho y se impondría la ley del más fuerte. El sálvese quien pueda. El virus del autoritarismo, sugiere Saramago, anida ya en el cuerpo social y basta un pretexto menor para despertarlo. Frente a la ruptura de los consensos solo nos queda el antídoto de la ternura y el mutuo cuidado. La ceguera del libro no es tanto física como moral.La obra de Saramago recuerda remotamente a la alegoría platónica de la caverna. En el libro VII de la República, Platón contrapone el mundo opaco de las apariencias al mundo luminoso de la razón. Los prisioneros de la caverna conocen una realidad de segunda mano hecha de sombras. El filósofo, al contrario, sale a la intemperie para conocer la verdad de la luz y transmitir ese conocimiento a sus congéneres. La comunidad anticientífica ha inventado la caverna inversa: sus gurúes descienden ciegamente a la cueva de la sinrazón para contarnos que las supersticiones de otros tiempos son un hallazgo nuevo y revolucionario.PublicidadEl problema del iluminado es que sobreestima sus propias capacidades. Se parece a su modo al conquistador aquel del cuento de Augusto Monterroso. Cautivo en la selva de Guatemala, frente al altar de los sacrificios, fray Bartolomé Arrazola trató de salvar su vida chapurreando la lengua de los indígenas. Era un español erudito y conocedor de Aristóteles, así que recordó que aquel mismo día se esperaba un eclipse total de sol. "Si me matáis", les amenazó, "puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura". Lo sacrificaron sin contemplaciones. No sabía que los astrónomos mayas habían pronosticado, sin ayuda de Aristóteles, las fechas infinitas de todos los eclipses.
Ensayo sobre la ceguera
Las redes sociales se han llenado de memes satíricos que invitan a enfrentarse al sol sin filtros normativos ni zarandajas woke













