Hay una luz, la de las tres de la tarde de un agosto espa�ol, que no alumbra: ciega. Bajo ella el asfalto tiembla como si fuera agua, las lindes de los caminos se doblan, y lo que a lo lejos parece un charco no es m�s que el calor enga�ando al ojo. Los abuelos lo sab�an y no discut�an con esa luz, esperaban a que bajara el sol para volver a mirar el campo con claridad. Esa misma luz ha ca�do esta semana sobre los datos de julio. Dos cifras igual de verdaderas que, miradas de frente, parecen desmentirse la una a la otra, y que solo se ordenan si uno aprende a mirarlas de reojo sin encararlo nunca del todo.El paro registrado subi� en 19.517 personas, la mayor subida de un julio desde 2008, rompiendo veintis�is descensos julianos consecutivos desde que existe serie comparable, en 1996. Al mismo tiempo, la afiliaci�n a la Seguridad Social super� por primera vez los 22,5 millones, con un crecimiento interanual del 2,9%, el mayor ritmo desde 2023. El Ministerio de Trabajo llam� "at�pica" a la subida. No ment�a, porque lo at�pico no est� en el dato, est� en el calendario con el que ven�amos leyendo julio, y ese calendario lo han reescrito dos leyes que casi nunca se leen juntas.La primera es la reforma laboral de 2021, que cambi� la temporalidad por contratos fijos-discontinuos. Julio dej� de ser el mes en que Espa�a "creaba" empleo tur�stico y el paro ca�a por inercia. Si el trabajador ya estaba vinculado antes del verano, su incorporaci�n no resta ya un parado de las listas. Se ha perddido el consuelo de una cosecha autom�tica de trabajadores. El paro juvenil, mientras tanto, marc� m�nimo hist�rico —159.562 j�venes, la cifra m�s baja de toda la serie—, prueba de que el deterioro de julio no es generacional, es m�s una cuesti�n de reloj y de contabilidad.La segunda es la regularizaci�n extraordinaria de enero, que ha puesto nombre a una econom�a que ya viv�a, silenciosa, entre nosotros. Ah� est� la verdadera paradoja, y tambi�n la m�s humana: la misma norma que ha llevado la afiliaci�n extranjera a un r�cord de 3,5 millones —420.875 personas m�s que hace un a�o— es la que ha empujado a miles de personas a inscribirse, por primera vez, como demandantes de empleo. Los registros "sin empleo anterior" crecieron un 3,65% en julio, el mayor aumento de todos los colectivos. No perdieron un trabajo, muchos lo ten�an ya, sin papeles ni nombre en ning�n registro. Simplemente, empezaron a existir para el Estado. Y el Estado, cuando por fin mira a alguien, cuenta esa mirada igual que contar�a una p�rdida.Frente a esto hay dos tentaciones, y ambas se enamoran de su conclusi�n antes de mirar el dato. Por un lado, la oficialista, que exhibe el r�cord de afiliaci�n como si julio fuera ruido descartable. Por otro, la exageradamente cr�tica, que blande el paro como si desmintiera un a�o entero de empleo creado, cuando los dos hechos conviven en el mismo mes, como el charco y el espejismo bajo la misma luz.Lo que estas cifras piden no es m�s dato, es un lector m�s paciente, casi tierno con la ingravidez de la opini�n pol�tica. Espa�a tiene, casi con toda seguridad, un mercado de trabajo en el que han cambiado cosas a mejor porque ha llegado gente nueva a �l, m�s visible. Hay menos personas de espaldas a la ley que pueden, por fin, firmar con su nombre. Pero sus n�meros ya no se dejan leer al mediod�a, de frente y sin sombra. Hay que esperarlos, como se espera el atardecer, para que digan la verdad entera. Un pa�s que confunde el espejismo con el destino corre el riesgo de responder, con las certezas de ayer, a las preguntas —siempre nuevas, siempre cambiantes— de hoy.Francisco Rodr�guez Fern�ndez es Catedr�tico de Econom�a de la UGR y director del �rea Financiera y Digitalizaci�n de Funcas.Pleca:
Cuando el paro sube porque todo va bien
Hay una luz, la de las tres de la tarde de un agosto espa�ol, que no alumbra: ciega. Bajo ella el asfalto tiembla como si fuera agua, las lindes de los caminos se doblan, y lo que...









