Actualizado Domingo,

agosto

22:37Cuando I�igo Larrea cambi� una multinacional por una peque�a startup navarra que dec�a ser capaz de imprimir comida en tres dimensiones, la reacci�n de su entorno fue pr�cticamente un�nime. "�Pero c�mo que imprim�s chuletones?". La pregunta se repiti� tantas veces que termin� por acostumbrarse. La siguen formulando hoy quienes descubren a qu� se dedica. Y, en realidad, �l mismo reconoce que, unos a�os antes, tampoco habr�a sabido responderla.Porque nada hac�a pensar que aquel ingeniero industrial especializado en electr�nica, que hab�a recorrido medio mundo programando m�quinas que fabrican aviones y coordinado el desarrollo de aerogeneradores acabar�a dise�ando la tecnolog�a con la que hoy se producen chuletones impresos en 3D, bacon de pollo o alimentos destinados a personas con disfagia. "No imaginaba que eso se pudiera hacer y, mucho menos, que lo iba a estar haciendo yo", admite.I�igo no abandon� una profesi�n para abrazar otra completamente distinta, pero su historia es representativa de c�mo est� cambiando la ingenier�a. Sigue haciendo aquello para lo que se form�: dise�ar m�quinas y programarlas. Lo que nunca imagin� es que esas m�quinas no fabricar�an piezas para la industria aeron�utica ni componentes para aerogeneradores, sino comida. "Yo me ve�a sentado delante de un ordenador programando. Ahora paso buena parte del d�a en el laboratorio, intentando que un producto salga de la m�quina con la forma perfecta y listo para comer", resume.Ese giro comenz� mucho antes de que los alimentos impresos en tres dimensiones empezaran a ocupar titulares. Tras estudiar Ingenier�a Industrial y especializarse en electr�nica, complet� un m�ster en la misma disciplina y pas� un a�o en San Diego desarrollando su proyecto final. Su primera parada profesional fue M Torres, una compa��a navarra especializada en maquinaria para la industria aeron�utica.Durante cinco a�os se dedic� a programar las gigantescas m�quinas encargadas de moldear piezas para fabricantes como Airbus o Boeing. Parec�a el inicio de una carrera ligada para siempre a la aeron�utica. Despu�s dio el salto a Nordex como responsable de desarrollo de producto para participar en el dise�o de nuevos aerogeneradores. Era el tipo de trayectoria que muchos ingenieros persiguen: grandes empresas, proyectos internacionales y una hoja de ruta perfectamente definida.Sin embargo, mientras desarrollaba esa carrera empez� a fijarse en otra empresa mucho m�s peque�a que tambi�n ten�a su sede en su Pamplona natal. Conoc�a a su fundador de una etapa anterior y segu�a con curiosidad las publicaciones que compart�a en LinkedIn. Aquellas fotograf�as de impresoras capaces de fabricar alimentos le llamaban la atenci�n, aunque le parec�an casi ciencia ficci�n. Hasta que apareci� una oferta de trabajo. "Pens�: '�Por qu� no?'. Era un cambio enorme, porque pasaba de una multinacional a una startup, pero precisamente eso era lo que me atra�a", recuerda.La decisi�n supon�a renunciar a la comodidad de organizaciones donde "todo est� muy establecido" para incorporarse a un proyecto en el que pr�cticamente todo estaba por construir. "En una multinacional puedes aportar, pero siempre hay muchas decisiones por encima. Aqu� ten�a la sensaci�n de que pod�a involucrarme de verdad y ayudar a construir algo desde dentro", afirma.No solo le seduc�a la cultura de la empresa. Tambi�n el reto tecnol�gico. Aplicar los conocimientos de electr�nica, automatizaci�n y programaci�n a un sector tan alejado de la ingenier�a tradicional como la alimentaci�n le parec�a un desaf�o dif�cil de rechazar. "Era utilizar todo lo que hab�a estudiado, pero para algo completamente distinto y con un impacto real", explica. Entr� como responsable de proyectos. Hoy ocupa la direcci�n tecnol�gica de Cocuus y lidera el desarrollo de las m�quinas que convierten en realidad las recetas creadas por el laboratorio.Su trabajo empieza donde termina el de nutricionistas e investigadores. Mientras ellos dise�an nuevos alimentos, el equipo de I�igo debe conseguir que una m�quina sea capaz de fabricarlos de forma repetitiva, precisa y a escala industrial. Eso implica dise�ar equipos, programarlos, hacer pruebas constantes y modificar tanto la tecnolog�a como el propio alimento hasta que ambos encajen. "En una startup todos hacemos un poco de todo. Dise�amos las m�quinas, las programamos, hacemos pruebas y validamos continuamente que lo que desarrolla el laboratorio pueda fabricarse", detalla.La imagen del chulet�n impreso en 3D convirti� hace unos a�os a Cocuus en una de las empresas espa�olas de referencia del ecosistema foodtech. Desde entonces, tanto la compa��a como el mercado han evolucionado. El entusiasmo inicial por los productos exclusivamente vegetales se ha enfriado y la compa��a ha reorientado parte de su actividad hacia alimentos elaborados con carne, como un bacon de pollo con menos grasa saturada, adem�s de reforzar otra l�nea destinada a personas con disfagia mediante pur�s que reproducen el aspecto de platos tradicionales para hacer m�s agradable la alimentaci�n de estos pacientes.I�igo no ha conseguido evitar la misma conversaci�n cada vez que alguien le pregunta d�nde trabaja. "Cuando dije que dejaba Nordex para irme a Cocuus todo el mundo me preguntaba: '�Pero c�mo que vas a imprimir chuletones?'. Y sigue pasando. Hasta que no lo ves y lo pruebas, cuesta entenderlo", afirma. �l sonr�e porque entiende la incredulidad. Hace apenas una d�cada, cuando imaginaba su futuro profesional delante de una pantalla programando m�quinas industriales, tampoco se le habr�a ocurrido pensar que alg�n d�a ese mismo c�digo terminar�a convirti�ndose en un alimento listo para cocinar.