Aunque la primera vez que muchas personas de clase media tuvieron contacto con un robot fue en sus cocinas (la Thermomix, la kitchenette…), parece que en la era de la IA, Alexa, los coches autopilotados y el tecnofeudalismo, lo último que quieren los neoyorquinos a la hora de ir a comer fuera de casa es encontrarse con un gran brazo de hierro que fríe y hornea su menú. Esa es la lección que ha aprendido el multimillonario Steve Ells, que revolucionó la restauración hace más de 30 años cuando creó el primer puesto de comida rápida mexicana Chipotle, y que hace unos meses tuvo que echar el cerrojo de Kernel, su nuevo emprendimiento, por falta de clientela.

“Claramente nos hemos dado cuenta de que al público no le gustaba ver la tecnología tan de cerca cuando se trata de comer”, explica Ells en la tercera ronda de conversaciones con El País Semanal. La primera entrevista se suponía que era para presentar la gran idea, la segunda para explicar los cambios que iban a realizar para salvarla y la tercera para presentar un proyecto totalmente nuevo: un local que, tras la ambiciosa y fallida propuesta anterior, vende bocadillos de toda la vida y que ha llamado Counter Service. Acaba de abrir un espacio en Chelsea y otro en Park Avenue, ambos en Nueva York, y parece que están redimiendo a Ells tras lo que se resiste a llamar fracaso y llama un negocio que “no crecía todo lo rápido que nos hubiera gustado”.