Ubicado en el aeropuerto de El Prat, el robot interpreta los pedidos, los entrega a los viajeros y alerta al personal de la falta de productos en el ‘stock’

Cuando uno piensa en las cualidades necesarias para ser un buen camarero, lo habitual es que surjan respuestas como: conocer a fondo el menú, ofrecer buenas recomendaciones, anticiparse a las necesidades del cliente y mantener la calma bajo presión. El camarero del restaurante Self, ubicado en la terminal 1 del aeropuerto de Barcelona-El Prat, cumple todos esos requisitos. En lugar de ojos atentos, incorpora cámaras capaces de leer textos; sus manos son garras mecánicas cuyos cinco dedos cuentan con sensibilidad táctil. Pero no es una máquina cualquiera: también es capaz de interpretar los pedidos y dirigirse al cliente con amabilidad gracias a la tecnología de inteligencia artificial (IA) integrada en su sistema. Lo único que aún no puede hacer es recoger la basura. Ese sigue siendo, por ahora, un proceso humano.

Self es el nombre del robot y también del restaurante experimental que lo hospeda, creador y criatura en un mismo concepto. Situado junto a la puerta de embarque B24, en un punto estratégico para quienes viajan con el tiempo justo, el modelo lleva un año operativo. El robot trabaja dentro de una cabina acristalada que funciona a la vez como vitrina para las miradas curiosas que graban videos para las redes sociales. Su función es interpretar los pedidos que recibe, recoger los productos en las estanterías con sus brazos mecánicos y entregarlos al cliente a través de una cinta transportadora.