El verano es, para muchos, una época de momentos vacacionales. Son días que están fuera de la rutina habitual y que así han sido desde la infancia. Días que pasar con amigos para recordar viejas anécdotas, con la pareja para vivir nuevas experiencias o con la familia para repetir lo de siempre. La relación paternofilial en vacaciones muestra una curiosa transformación a lo largo de las décadas: pasa de incluir a unos niños y adolescentes totalmente dependientes, a una igualdad de condiciones entre adultos y a una mayor dependencia de las personas mayores respecto a sus hijos. Hay muchos adultos independientes que siguen buscando compartir parte de sus vacaciones con sus padres, pero, ¿por qué?“Si hay buena comunicación, una relación de apego seguro, armonía, respeto mutuo y un espacio de intimidad, una familia puede que quiera seguir compartiendo ese espacio”, comenta Ana Antelo, psicóloga de Granada y que se siente también identificada con el perfil de hija. “Ahora me voy al pueblo en verano con mis padres, convivo con ellos y mis hijos, y me resulta muy agradable. Es como una sensación de estar arropada, de estar con ellos y segura. He recuperado una zona de confort que me genera bienestar”, explica.El apartado emocional también toma un protagonismo importante durante las vacaciones: “Para muchas personas, viajar con sus padres no implica una falta de autonomía, sino una elección consciente basada en el afecto y el deseo de mantener el vínculo”, apunta Cecilia Martín, psicóloga y directora del Instituto de Psicología Psicode. “El hijo con apego seguro suele convertirse en un adulto capaz de independizarse sin necesidad de romper emocionalmente con su familia. Está con ellos porque los elige y no porque los necesite”, añade.A pesar de que los hijos hayan pasado a tener una vida independiente, las vacaciones familiares pueden ser una costumbre que no se quiebra a lo largo de los años. En los casos en los que sí se han visto interrumpidas, ambas partes pueden tratar de recuperarlas aunque sea por un año. “Irme de vacaciones con mi madre ha sido una excepción este año. Desde hace un año vivo en Estados Unidos y, al no estar en España, es difícil encontrar días que encajen en la agenda. Al final conseguimos escaparnos cinco días a Escocia y, como era el festival de música y arte de Edimburgo, fue el empujón definitivo para que las dos sacásemos adelante un plan que mereció mucho la pena”, comenta Sofía García, de 36 años.Uno de los puntos más buscados en este periodo es juntarse para recordar momentos del pasado. La nostalgia y la costumbre también son factores que ayudan a reforzar esa compañía. “Las vacaciones, sobre todo para los niños, son libertad: piscina, calle, playa, pueblo, viaje… Y de adultos buscamos repetir ese momento de felicidad y seguridad”, apunta Antelo. “Si una familia funciona, vamos a buscar aunque sea el 10% de las vacaciones con los padres. Volver a mi familia es volver a mi raíz, conectar con ella y con mi parte niña, divertida, natural y positiva”, añade.Martín considera que, aunque la nostalgia no es un factor determinante porque “lo más importante es la calidad del vínculo actual y no el recuerdo del pasado”, la costumbre de las experiencias familiares repetidas durante la infancia puede traer consigo un gran valor emocional. “Las vacaciones son un ritual familiar, y estos mantienen la conexión del grupo y generan identidad. Otro aspecto importante es la memoria autobiográfica, porque los recuerdos más importantes de nuestra vida están organizados como una historia con escenarios recurrentes. Cuando seguimos haciendo esos viajes, estamos dando continuidad a nuestra propia historia”, apunta.Como adulta independiente, García afirma que el papel organizativo de sus vacaciones es mucho más relevante que cuando era niña: “Aunque mi madre y yo buscamos rutas e ideas por nuestra cuenta, suelo ser yo quien organiza los itinerarios, el transporte y las aplicaciones. Pero hay cosas que no cambian nunca, como que siga empeñándose en invitarme a comer o se preocupe por si me duele algo”.Según un estudio publicado en Journal of Hospitality and Tourism Management en 2024, la relación cotidiana entre padres e hijos adultos influye directamente en cómo se plantea y se vive un viaje en común. La cercanía, apoyo y calidad del vínculo previos resultan determinantes para la motivación, satisfacción y bienestar posterior de las vacaciones. Otro análisis de Annals of Tourism Research de 2024 investiga el cambio de papeles que se produce cuando los hijos asumen el papel de organizadores y cuidadores de sus padres. Esto puede mejorar el bienestar de los jóvenes al reforzar su compromiso afectivo y reducir la sensación de que el cuidado supone únicamente un sacrificio, pero depende, en parte, de que los padres reconozcan y valoren esa ayuda.“Es frecuente que los hijos empiecen a valorar más este tipo de viajes con sus padres a medida que perciben que el tiempo va a ser más limitado. Me pasa a mí: ya ves que están más mayores y quieres estar con ellos. He planificado unas vacaciones de una semana para estar juntos”, ejemplifica Antelo. Martín también considera que es habitual que las personas comiencen a valorar más este tipo de viajes a medida que avanza el tiempo: “La percepción de que el tiempo compartido es finito suele producir un cambio de prioridades y lleva a valorar más los momentos cotidianos y las experiencias compartidas con ellos. La conciencia de la finitud fortalece el valor emocional de los vínculos. Además, entra en juego en mayor medida el concepto de gratitud, porque en la adultez, y sobre si se tienen hijos, es común mirar hacia atrás y pensar en sus esfuerzos y renuncias”.A la hora de llevar a cabo ese periodo vacacional con los padres como adulto independiente, es necesario tener en cuenta también la diferencia de ritmos entre ambas generaciones: “A un adulto que valora irse de vacaciones con sus padres le diría que se arme de paciencia, pero no lo dude. Con el tiempo, todos vamos a agradecer haber compartido esos momentos con nuestros padres, incluso las pequeñas discusiones o desencuentros que puedan surgir. Mi único consejo sería adaptar un poco el ritmo del viaje. Intento bajar una marcha y disfrutar del momento”, valora García. Para Antelo, lo importante es desconectar de las pantallas: “Tenemos que conectar con nuestra esencia y dejar de lado los móviles todo lo que se pueda. Aprovechar el tiempo tanto con los mayores como con los niños, porque es un momento muy bueno para hacerlo”.
El viaje emocional de irse de vacaciones con los padres siendo adulto: “Es volver a conectar con mi parte niña, divertida, natural y positiva”
Si hay una buena relación de apego y comunicación, compartir tiempo juntos en el periodo vacacional puede estrechar vínculos paternofiliales. La nostalgia y la costumbre ayudan a fomentar esa compañía, donde la conciencia de la finitud también influye









