Durante buena parte del año, muchas relaciones familiares se sostienen a través de videollamadas, mensajes de WhatsApp o encuentros breves. Esa forma de relacionarse deja menos espacio para que aparezcan determinadas dinámicas familiares. Las vacaciones, en cambio, traen consigo varios días de convivencia. Cuando esta se prolonga, es más fácil que reaparezcan antiguos roles, formas de comunicación y maneras de relacionarse. Un comentario o una broma repetida pueden bastar para que alguien sienta que vuelve a ocupar el lugar que tenía dentro de su familia hace veinte o treinta años.La teoría de los sistemas familiares, desarrollada por el psiquiatra estadounidense Murray Bowen, entiende la familia como un sistema en el que el comportamiento de cada uno influye en los demás. Desde esta perspectiva, resulta más fácil comprender por qué determinados modos de relación reaparecen cuando el tiempo compartido se intensifica.La familia sigue viéndonos como siempreAna María, de 41 años, vive desde hace más de una década lejos de su familia de origen. Allí trabaja, tiene pareja y dos hijos. Durante el año habla con sus padres varias veces por semana y asegura que mantienen una buena relación. Sin embargo, la llegada del verano cambia la manera en que se relacionan.“Es llegar y notar que vuelvo a ocupar la posición de siempre. Mi madre sigue diciéndome cómo debería hacer las cosas. Sé que lo hace con buena intención, pero me sorprendo contestándole igual que hace más de veinte años. Allí vuelvo a ser la hija pequeña”, sostiene. Cuenta que ha aprendido a no interpretar cada frase como una crítica. “Entender que esa forma de relacionarnos surge porque llevamos toda la vida haciéndolo así, me ayuda a no tenerlo tan en cuenta”, dice.Lee tambiénLa doctora en Psicología y terapeuta familiar Rosa Rabbani destaca que “la familia nos mira como somos hoy, pero sin olvidar la persona que fuimos”. Por eso, esos primeros roles siguen influyendo en la forma en que nos relacionamos cuando volvemos a compartir tiempo.Esa memoria emocional hace que, señala la profesional, al regresar a la casa familiar o reencontrarnos con determinadas personas, un olor, un sabor, un espacio o incluso una imagen puedan reactivar, muchas veces de forma inconsciente, la manera en que nos comportábamos años atrás.Rabbani añade que las familias tienden a mantener un determinado equilibrio. De este modo, si uno de sus miembros cambia su manera de relacionarse o deja de ocupar el papel de siempre, el resto puede intentar, también de manera inconsciente, que todo vuelva a funcionar como antes.Lo que cambia al convivirLas familias tienden a mantener un determinado equilibrio, incluso cuando se reúnen muy de vez en cuandoXavier Arnau/ iStockEsa propensión a recuperar los papeles de siempre se hace especialmente visible tras días o semanas compartiendo el mismo espacio. Carlos, de 52 años, afirma que mantiene una excelente relación con sus dos hermanos. Hablan con frecuencia, se visitan si es posible y desconectan de sus responsabilidades. No obstante, las vacaciones familiares son otro cantar.Expresa que los conflictos suelen surgir por pequeños detalles de la vida en común: qué se come, cómo organizan el día o con quiénes quedar. “No es nada serio, pero al tercer o cuarto día ya no estamos tan relajados”, resume. A pesar de ello, nunca se ha planteado dejar de reunirse con ellos. “Seguimos haciéndolo porque disfrutamos estando juntos. Hemos asumido que convivir no es lo mismo que verse unas horas para comer o dar una vuelta”, comenta.La psicóloga especialista en terapia de adultos y pareja Neus García señala que muchas relaciones familiares resultan más sencillas cuando existe cierta distancia. La convivencia prolongada aumenta la exposición a pequeñas fricciones y hace más difícil que cada persona mantenga sus propios ritmos, hábitos y espacios.Pero cuando distintas personas comparten varios días bajo el mismo techo, es más fácil que vuelvan a activarse determinadas expectativas, formas de comunicación y maneras de relacionarse que durante el resto del año se percibían menos.La experta añade que las discusiones rara vez responden solo a lo que ocurre en ese momento. Cada miembro llega a esos encuentros con una historia compartida que también influye en esos días juntos. En ese sentido, determina que “la convivencia intensiva actúa como un amplificador de esas dinámicas”, mientras que la distancia cotidiana facilita relaciones más flexibles y menos reactivas.¿Es posible salir de esos papeles?Las vacaciones en familia a menudo son una fuente de tensiónGettyDurante mucho tiempo, Celia, de 58 años, terminaba las vacaciones familiares con la impresión de haber vuelto a discutir por los mismos motivos de siempre. Explica que le molestaban algunos comentarios de su hermana mayor y que sus padres siguieran tratándola como cuando era más joven. Intentaba convencerlos de que las cosas habían cambiado, pero acababa sobrepasada.Pasados los años, su forma de afrontar esos encuentros cambió. “Ya no espero que todo sea perfecto ni que cada conversación termine dándome la razón. Procuro recordar que vamos a pasar unos días juntos, no a resolver toda la historia de nuestra familia”, comparte.Reconocer ese patrón de comportamiento antes de actuar es el primer paso, expone la psicóloga clínica y neuropsicóloga Alba Cardalda. Para ello, recomienda preguntarse qué conductas solo reaparecen en ese contexto o si habría respondido igual con otras personas. Ese ejercicio ayuda a identificar cuándo estamos reaccionando de forma automática y no eligiendo conscientemente cómo actuar.También considera útil diferenciar el pasado del presente. En ocasiones, la intensidad de la reacción no responde únicamente a lo que acaba de pasar, sino al significado que situaciones parecidas tuvieron durante años dentro de la familia.Cardalda reconoce que dejar de ocupar el rol habitual puede generar incomodidad, porque el resto de la familia puede reaccionar tratando de recuperar la manera de relacionarse de siempre. Sin embargo, considera que ese malestar no significa que el cambio sea un error.Otra recomendación es poner límites de forma clara y serena, sin convertir cada diferencia en una lucha de poder, y aceptar que no es posible cambiar la manera de actuar del resto de la familia. Como recuerda, “lo único que realmente está en tu mano es modificar tu conducta”. Precisa que, cuando ese cambio se mantiene de forma sostenida en el tiempo, la familia suele reorganizarse y adaptarse a ese nuevo equilibrio.Las vacaciones no cambian la historia de una familia, pero sí pueden sacar a la luz los roles, las expectativas y las formas de relacionarse que durante el resto del año resultan menos evidentes. Identificar qué hace que reaparezcan esos papeles puede ayudar a afrontar esos reencuentros con una perspectiva distinta.Licenciada en pedagogía por la Universidad de Santiago de Compostela, 2006.Redactora de contenidos, y autora de los libros 'Mommy amor en uso', sobre maternidad y embarazo, y 'Mamá…¡Teta!' de lactancia materna
El verano de los reencuentros incómodos: por qué volvemos a ocupar el mismo lugar dentro de la familia
La convivencia familiar intensiva del verano reactiva roles, expectativas y formas de comunicación que durante el resto del año permanecen dormidos










