Actualizado a las 01:15h.

«Pensábamos que sería solo durante el verano. Mi madre ya no podía quedarse sola mientras nosotros estábamos fuera y una estancia temporal nos parecía la mejor solución. Al principio no quería ni oír hablar de una residencia. Decía que aquello no era para ... ella, que prefería seguir en su casa. Pero bastaron unas semanas para que cambiara completamente de opinión. Empezó a participar en las actividades, hizo amistades, volvió a ilusionarse con pequeñas rutinas que había ido perdiendo desde que enviudó y recuperó una tranquilidad que nosotros también necesitábamos. Cuando llegó septiembre, fue ella quien nos dijo que quería quedarse. Entendimos entonces que no estaba renunciando a su vida, sino empezando una etapa distinta», reflexiona Inés R.

Bienestar

familia

Imserso