Hay personas que cuentan los días para que lleguen las vacaciones convencidas de que, en cuanto apaguen el ordenador o cierren la puerta de casa, sentirán un alivio inmediato. Pero no siempre ocurre así y, cuando llega ese momento, lo que aparece no siempre es descanso. En su lugar surgen el cansancio, la irritabilidad, la dificultad para dormir o incluso la sensación de no saber qué hacer con el tiempo libre.Alejandra García Mundi, psicóloga de yees!, explica que "cuando sentimos que el descanso no empieza el primer día de vacaciones, muchas veces lo que está ocurriendo es que nuestro cuerpo y nuestra mente llegan con un nivel de activación demasiado alto. Pasamos de estar en alerta constante a un estado de calma y a veces el cuerpo necesita tiempo para entender, asimilar y adaptarse a ese cambio de ritmo".El cansancio no aparece en vacaciones: ya venía de antesLa rutina marcada por el trabajo, las responsabilidades familiares, las prisas y la sensación permanente de tener que llegar a todo hacen que, poco a poco, el descanso, el ocio o el autocuidado vayan quedando relegados a un segundo plano. "Durante el año solemos funcionar en piloto automático: obligaciones laborales, responsabilidades familiares, presión por ser productivos, poco descanso, escaso tiempo individual y de autocuidado y una sensación constante de 'tengo que llegar a todo'", explica la psicóloga de yees!.Por eso, cuando por fin llega el momento de parar, el organismo deja de sostener ese esfuerzo continuado y aparece el cansancio acumulado. García Mundi recuerda que, durante esos primeros días, es frecuente experimentar síntomas como irritabilidad, apatía, dolores de cabeza, dificultades para dormir o incluso culpa por no estar disfrutando de las vacaciones como se esperaba.No es solo no trabajarUno de los errores más habituales es pensar que basta con cambiar de escenario para recuperarse. Sin embargo, dejar de ir a la oficina no implica necesariamente que el cerebro haya abandonado el modo de alerta. "No todo descanso recupera y a veces creemos que estamos descansando porque estamos en el sofá mirando el móvil, pero seguimos mentalmente activados, comparándonos, respondiendo mensajes o consumiendo información. El descanso reparador suele implicar bajar el ritmo, conectar con el cuerpo, hacer algo placentero sin exigencia o simplemente no hacer nada", alerta la especialista.Para evitar llegar al verano completamente agotados, la psicóloga insiste en que el descanso debe formar parte del día a día y no limitarse únicamente al periodo vacacional. Dormir lo suficiente, introducir pausas reales durante la semana, poner límites a la disponibilidad constante y reservar tiempo para actividades agradables son hábitos que ayudan a reducir la carga mental antes de que se convierta en un problema. También invita a revisar la relación con la productividad. Muchas personas, explica, viven con la sensación de que solo tienen valor cuando están haciendo cosas. La mente necesita desconectarOtro de los motivos por los que las vacaciones no siempre resultan reparadoras es que muchas personas siguen conectadas mentalmente con aquello de lo que pretendían descansar. "Si durante las vacaciones seguimos pendientes del trabajo, de los correos, de los problemas familiares, de las redes sociales o de la necesidad de tener todo bajo control, el cuerpo está en otro sitio, pero la mente no ha desconectado. Y sin desconexión mental, la recuperación queda a medias", afirma.La psicóloga añade que el periodo vacacional también puede sacar a la luz emociones que durante el resto del año permanecían ocultas por el ritmo frenético. La tristeza, la ansiedad, la insatisfacción o la sensación de desconexión con la pareja pueden hacerse más visibles precisamente cuando desaparecen las obligaciones que mantenían la mente ocupada.Cambiar de lugar no siempre bastaViajar a la playa, a la montaña o a otro país puede resultar agradable, pero el entorno, por sí solo, no garantiza el descanso. "Cambiar de escenario puede ayudar, pero no garantiza la recuperación. Podemos estar en una playa, en la montaña o en una ciudad preciosa y seguir funcionando internamente con la misma tensión, las mismas preocupaciones y la misma autoexigencia", explica García Mundi.La especialista recuerda que muchas veces llevamos con nosotros los mismos patrones que nos agotan durante el año: querer controlarlo todo, complacer constantemente, llenar cualquier hueco libre o sentir que siempre deberíamos estar haciendo algo útil. "Hasta descansar puede acabar pareciendo una oposición", resume.
El mito del verano reparador: si antes del viaje estabas agotado, después del viaje seguirás agotado
Llegar a las vacaciones con un nivel alto de agotamiento puede hacer que esos días se vivan también con estrés y no como un momento de desconexión.










