La escena se repite durante las vacaciones en muchos hoteles de costa, en la playa o en la montaña: madres solas que cargan la sombrilla, el carro del bebé, la nevera portátil, las toallas, los cubos y las palas. Padres solos que empujan, que arrastran, que improvisan juegos en la arena y meriendas sobre la marcha.
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ttps://elpais.com/mamas-papas/actualidad/2024-09-04/como-ayudar-a-un-nino-a-transitar-el-divorcio-de-sus-padres-de-manera-efectiva-y-no-traumatica.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/mamas-papas/actualidad/2024-09-04/como-ayudar-a-un-nino-a-transitar-el-divorcio-de-sus-padres-de-manera-efectiva-y-no-traumatica.html" data-link-track-dtm="">Padres o madres que lo hacen todo, solos. No hay turnos, no hay descansos. Solo la convicción de que esas vacaciones, aunque agotadoras, son importantes. Para sus hijos, pero también para ellos.
Cada vez más familias viven el verano desde la experiencia de la monoparentalidad. Algunas por elección, otras por divorcio, viudedad o circunstancias vitales diversas. Pero todas comparten algo: la responsabilidad en solitario de que ese viaje (ese descanso tan esperado durante el curso) no se convierta en una maratón sin final.







