Septiembre marca, para la mayoría de familias, el verdadero inicio del año. Es el mes en el que reaparecen las prisas, se retoman los horarios, las actividades laborales, escolares, deportivas y

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t="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/mamas-papas/2025-08-31/por-que-son-necesarias-las-extraescolares-y-claves-para-acertar-en-la-eleccion.html" data-link-track-dtm="">extraescolares, dejando atrás el ritmo más relajado del verano. Durante los meses estivales, los días se alargan, las rutinas se flexibilizan y algunas obligaciones parecen desaparecer. Sin embargo, ahora ha comenzado una etapa en la que volver a la organización y el orden se convierte en una necesidad. Un momento ideal para marcar objetivos realistas adaptados a las necesidades de cada hogar.

La vuelta a la rutina debe entenderse como una oportunidad para encontrar el equilibrio familiar, fortalecer los vínculos y evitar así muchos conflictos en la convivencia. También puede vivirse como una posibilidad para instaurar nuevas dinámicas más saludables y reorganizar todo aquello que el curso anterior no funcionó del todo bien.

Estructurar el tiempo de estudio y ocio, los horarios de comida y descanso, planificar los menús de la semana y fomentar la adquisición de responsabilidades ayuda a mejorar el bienestar físico y emocional tanto de los menores como de los adultos. Las rutinas fortalecen la autonomía y reducen la incertidumbre. A los más pequeños, saber qué esperar a lo largo del día les permite desenvolverse con mayor confianza y autonomía. A nivel cerebral, las rutinas son atajos, actos automáticos que permiten al niño entrelazar tareas con conciencia y casi sin esfuerzo, como lavarse las manos antes de empezar a comer o cepillarse los dientes antes de ir a dormir.