Con la llegada del mes de septiembre es el momento de ponerse en marcha, preparar el nuevo curso y dar paso a la rutina como la aliada perfecta. Es parte de este inicio comenzar a pensar en las actividades extraescolares. Quizás, tras el verano, una de las escogidas sea natación, para no perder el ritmo y mejorar la técnica, o tal vez sea el momento de aprender un nuevo idioma o poner en práctica algún deporte.
Sea cual sea la elección de cada uno, lo que está claro es que las opciones que existen son infinitas, ya que hay actividades para todos los gustos y en las que poder fomentar todas las áreas del desarrollo del menor.
Cada familia debe escoger según sus propias necesidades. No existe la actividad perfecta e ideal para todos, sino que cada niño es único y tiene unas circunstancias específicas, a la vez que influyen otros aspectos como el horario, los recursos económicos, las opciones para poder conciliar, la localización de la actividad u otras necesidades más concretas.
Un aspecto muy importante a tener en cuenta es que estas deben ser elegidas de manera conjunta con el menor. Es decir, la opinión de este es importante a la hora de apuntarle a una actividad, ya que su motivación, su interés y aprendizaje serán mayores si el niño ha sido parte de la decisión. Estas actividades son “extra”, como su propio nombre indica, por lo que son ideales para impulsar y alentar al menor en aquello que le gusta o se le da bien, en lo que tiene interés o ilusión, donde poder acompañar sus sueños y motivaciones.







