Los campamentos suelen ser una opción para conciliar la vida familiar durante las vacaciones, ya que los padres trabajan y no siempre tienen la posibilidad de dejar a sus hijos con la familia durante los más de dos meses que duran las vacaciones escolares. No todos los niños acuden a estos centros por propia voluntad, así que lo ideal es que puedan optar por uno donde sientan que están de vacaciones. Así lo explica Susana Ogea, maestra de Primaria en la UFIL Sierra Palomera de Madrid y monitora de tiempo libre: “A veces, los niños van obligados por sus progenitores, ya que trabajan y no les pueden atender. Por lo que deberían de poder apuntarse a un campamento que les guste, donde puedan tener tiempo libre y divertirse”.
El disfrute es una de las cuestiones positivas de esta actividad veraniega. “Lo bueno es que allí los pequeños pueden socializar, jugar, conocer gente nueva y divertirse”, sostiene Ogea, a la vez que señala las cuestiones que se pueden considerar como desventajas: “Los menores no pueden disponer de su tiempo libremente, porque hay unas normas y una agenda diaria de actividades gestionadas por los adultos”, añade.
Si el objetivo es que los niños tengan un descanso vacacional en toda regla, conviene escoger campamentos para divertirse y no para aprender, con el fin de que los menores tengan esa sensación. “Hay que tener en cuenta que durante el resto del año, en el curso escolar, tienen responsabilidades y carga de trabajo, por lo que acaban cansados. Sería lo mismo que decirle a un adulto durante sus vacaciones que haga un curso formativo; lógicamente, no tendría ganas”, continúa Ogea.






