Con solo abrir y volcar estos productos se puede lograr el aperitivo perfecto

Queridos lateros, estamos en ese momento de jolgorio, esparcimiento y descanso llamado verano. Por fin uno puede aspirar a pasar unos días en la playa mirando a la lontananza sin mayor preocupación que disfrutar del momento, ya que no nos podemos fiar del mañana, Horacio always on my mind.

Tal vez, oteando el horizonte, vuestra mirada se cruce con un megayate de esos donde se desayuna caviar y huevo hilado y los grifos son de oro. Que no os dé ninguna lástima, ya que os aseguro que las latas que os vais a comer no van a estar en ese templo de la ostentación, pero sí en el de la gloria, por lo que pena ninguna.

Vamos a lo sencillo, ya que la playa no es el mejor lugar para ponerse estupendo con recetas ornamentadas. Aquí prima la sencillez y la calidad del producto, así que vamos a descubrir unas latas que están gloriosas tan solo encima de unas patatas fritas.

Y el primer paso que no hay que descuidar son las mismas patatas fritas. Hay muchas y muy buenas, pero os doy dos opciones que son las que yo estoy empleando ahora mismo, magníficas ambas. Primero serían las de Papas J. García, que llevan haciéndolas desde 1982 en Castellón y son mis favoritas, pero también son las favoritas de Juan Echanove, y este hombre en asuntos del yantar nos gana a todos. Ofrecen las normales, crujientes con un punto de sal perfecto, además de otras con pimienta negra (posiblemente mis favoritas) y unas terceras con pimentón de la Vera. Triunfo asegurado.