¿Cómo que el partido del España-Argentina no era más que fútbol? ¿Cómo que no enfrentaba a dos relatos del mundo? Decir eso es como pensar que Eurovisión es solo un festival de canciones. El fútbol es deporte, pero un Mundial es deporte y geopolítica. Se celebraba en Estados Unidos, con Trump. El que desprecia el español. En el Mundial donde la FIFA inventó aquel protocolo que no permitía preguntas en español. Estábamos frente al Trump que dijo que los españoles eran “mala gente”, “una causa perdida” y que no quería “tener nada que ver con España”. ¿No quería españoles? Pues tuvo dos tazas.PublicidadSolo había que ver las caras. La de Trump e Infantino tras el gol. La cara de Trump abucheado camino de entregar la copa. Si fuera solo fútbol, ¿creen que el movimiento MAGA se habría preocupado en vender la mentira de que el equipo español quería que Trump lo celebrara con ellos, en lugar de que este señor es el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro? Si solo es fútbol, ¿por qué la bandera de Palestina no se puede mostrar en el estadio pero sí había una bandera de Israel? ¿Por qué causalmente Israel terminó matando al trabajador humanitario palestino que organizaba las retransmisiones del Mundial en Gaza?Por haber dos relatos, los había hasta en España. Tenemos aquí los de la vena trumpista, igual que sabemos de los argentinos y argentinas contra Milei y el genocidio. Determinada prensa vendió que se había apartado al presidente del Gobierno de la celebración, cuando por protocolo corresponde al jefe de Estado; o tertulias que vaticinaban un fracaso a España porque Sánchez era “gafe”. Que ya me dirán qué ha aportado un Feijoó que solo dijo que había socios de Sánchez que no apoyaban a la selección, cuando si se refiere a Junts, es con quienes quieren tender puentes. Esto después de la vergüenza diplomática de Rajoy contra los jugadores franceses (una bromilla para el PP),o el despropósito de tuit de Muñoz con “España vuelve a conquistar América”.Frente a ello, un Borja Iglesias ganador tras haber dejado años atrás la selección cuando lo de Jennifer Hermoso. O el hermano de Williams, con su mensaje recordando que millones de hijos de inmigrantes podían verse reflejados en su historia. El mismo que dedicó a su madre la medalla del Mundial, una mujer que arriesgó su vida por un futuro digno cruzando el desierto. Frente a ello, medio mundo apoyando a España desde todos los rincones: Gaza, México, Colombia, Bélgica, Noruega, Inglaterra, Marruecos… Suerte de vivir en un país tan querido, y suerte no tener imágenes de un tipo como Netanyahu apoyándonos con nuestra bandera.Frente a lo turbio, España ganó porque no entró en ninguna provocación. Un equipo sin miedo, sin protagonismos, inteligente, integrador y con bondad. No necesitó convertir al rival en un enemigo. No convirtió la virilidad en un espectáculo de agresiones. Por eso no es a España a la que han abierto un expediente.PublicidadEl fútbol también es pueblo. Está bien decir que esto no cambia nada nuestra vida. Tampoco cambió la vida en Gaza para nadie, pero ahí estaban, celebrándolo. Lo simbólico cuenta. Por eso un Mundial nunca es solo un partido. Porque si fuera solo fútbol, Trump no entregaría la copa, la FIFA no decidiría mi idiomas ni negocio, los gobiernos no competirían por organizarlo, no habría filosofías de juego diferentes y millones de personas no sentirían que también han ganado ellas. El fútbol no cambia el mundo, pero sí revela el mundo en el que vivimos. Y este Mundial lo ha dejado al descubierto.