El fútbol une al mundo”. Pocos lemas podían parecer tan apropiados para un Mundial. La paradoja es que este torneo ha estado marcado por enfrentamientos políticos, tensiones diplomáticas y episodios de racismo. Más que unir, el balón ha reflejado las fracturas del planeta. Tampoco ayudó el escenario. EE.UU., inmerso en una profunda polarización y gobernado por un Donald Trump cada vez más intervencionista, no parecía el mejor anfitrión para simbolizar la convivencia. Mientras los estadios se llenaban, continuaban las redadas del ICE, las deportaciones de inmigrantes y un clima de creciente división. WILL OLIVER / EFEEn un deporte cada vez más global, el Mundial reabrió el debate sobre inmigración, identidad nacional e integración. El fútbol tiene la capacidad de reunir bajo una misma camiseta comunidades de orígenes distintos. Pero la diversidad, fruto de la evolución demográfica, volvió a mostrar también sus divisiones.Los incidentes no se hicieron esperar. El bloqueo a la entrada del árbitro somalí Omar Artan fue el primer aviso. Después llegaron las tensiones en torno a la selección iraní, el temor de los aficionados latinos a la migra y varios episodios de desprecio por el origen o el color de la piel de algunos jugadores, simbolizados por los insultos racistas de una senadora de Paraguay a Kylian Mbappé.El fútbol puede unir, pero también hace aflorar divisiones políticas, sociales y racialesLa controversia no cesó. Antes del España-Francia, Mariano Rajoy afirmó que los Bleus eran una selección “de altísimo nivel, eso sí, sin franceses”. Pedro Sánchez respondió: “Que gane el mejor y que pierda el racismo”. Lamine Yamal resumió la cuestión con una frase: “Si el fútbol sirve para algo, es para integrar”.La geopolítica tampoco quedó al margen. Previamente al Argentina-Inglaterra, el seleccionador Lionel Scaloni pidió no mezclar el fútbol y otros asuntos. Pero la vicepresidenta argentina, Victoria Villarruel, alimentó la confrontación al recordar que la albiceleste ­jugaba contra “los piratas usurpadores”. Tras la victoria, varios jugadores mostraron una pancarta con el lema: “Las Malvinas son argentinas”.El Mundial volvió a demostrar que tiene la capacidad de unir a millones de personas alrededor de un balón, pero también de amplificar los conflictos de nuestro tiempo. Este Mundial no solo ha proclamado un campeón, España, también ha retratado la época que nos toca vivir.