Cuando en junio del 2024 entró en vigor la ley de Amnistía, algunos juristas apuntaron que determinados jueces aplicarían “maniobras de dilación” para que los impulsores del procés no se beneficiaran antes de cumplir gran parte de la inhabilitación impuesta por la sentencia, una vez los indultos parciales les habían sacado de prisión. Con el aval del TJUE a la norma, lo tienen más difícil. El retorno del president Carles Puigdemont está más cerca y el fin de su inhabilitación y la de otros responsables políticos también. Sin embargo, la sentencia no cambiará un ápice las posiciones políticas de nadie. En Catalunya este es un factor crucial.En el 2017, y pese al fracaso del procés , Puigdemont se instaló en Bélgica con un cierto halo heroico para doblegar las instituciones españolas a través de los tribunales europeos. Durante nueve años, este ha sido un camino tortuoso y la victoria no ha caído por entero hacia ningún lado. Pero en el entretanto, Catalunya ha cambiado. En otoño del 2012, Aznar lanzó una advertencia que hizo fortuna y repitió en diversos foros. “Catalunya no podrá permanecer unida si no permanece española”.Lo relevante será la actuación política de Puigdemont cuando vea CatalunyaCatalunya, pese a los intentos desde dentro y desde fuera, se resquebrajó, pero no se partió gracias al esfuerzo de muchos. El auspicio de Aznar no se cumplió. Se partió, en cambio, el catalanismo con la aparición de Aliança Catalana. Una formación fruto de la llegada de la nueva inmigración y del desencanto con el procés . Un desapego que tuvo su zenit en el 2023 con el pacto entre Puigdemont y el PSOE para facilitar la investidura de Pedro Sánchez. A cambio, precisamente, de la ley de Amnistía, eliminar los déficits del autogobierno y una negociación internacional para resolver la carpeta catalana.Carles Puigdemont Simon Wohlfahrt / AfpA finales de octubre del 2017, Puigdemont tenía un buen diagnóstico de la situación, pero no quiso aparecer como un traidor y defendió la declaración unilateral de independencia sin mayoría social, ni herramientas. Pactando con el PSOE ya sabía, en cambio, que una parte de sus propios seguidores le tildarían de traidor por no mantener una posición frentista. Se arriesgó, acusando a ERC de no saber negociar con la Moncloa. Menos de tres años después, el último voto de confianza que le dieron los electores se derrite día a día en las encuestas.No es que Puigdemont sea mal negociador por no conseguir que Sánchez cumpla con todo lo acordado. Es tan solo que la transición estableció mecanismos estatales y contrapoderes autonómicos para el caso catalán que dificultan según qué pactos. Casi una década después, el president regresará. Su retorno será importante para su familia y partidarios. Para el catalanismo, lo relevante será su actuación política cuando vea Catalunya, en vez de que se la cuenten. Y, sobre todo, si es capaz de convencer a los que ahora le ven como un traidor, de que todo es más difícil y de que cada pequeño espacio de autogobierno es una gran victoria. Porque con la partición del catalanismo se acaba la fiesta.