Con la llegada del calor, hacer la comida puede ser todo un desafío. Por eso, ayuda encontrar recetas saciantes y ligeras que además no nos entretengan demasiado tiempo en la cocina. Si, además, no tenemos que encender los fogones, mucho mejor. En este sentido, las ensaladas son uno de los platos estrella del verano. Las posibilidades van mucho más allá de las hojas verdes, el tomate, los pepinos o la cebolla y las combinaciones que podemos crear son casi infinitas. Si te propones experimentar, prueba a prepararlas con distintas bases como la quinoa, el arroz, la patata o las legumbres.

Con las ensaladas, comer garbanzos o lentejas nunca ha sido tan fácil. En especial en verano, cuando no apetece sentarse delante de un buen guiso de legumbres. Este tipo de ensaladas son extremadamente refrescantes y nutritivas. Según la Fundación Española de Nutrición (FEN), “los garbanzos poseen un alto contenido de proteína de origen vegetal (deficitaria en metionina), son fuente de calcio y poseen un alto contenido de hierro, magnesio, potasio y fósforo”. En cuanto a las vitaminas, destacan “la vitamina E, la tiamina, la niacina y los folatos”. De hecho, una ración de garbanzos “cubre el 31% de las ingestas recomendadas de folatos”.