Ha vuelto. Y no como imputado en el caso Kitchen, que ya saben que pudo serlo pero no fue. García Castellón mediante, el expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se libró de ser juzgado por la mayor trama de corrupción institucional en democracia. Así que ahora, además de ejercer de registrador de la propiedad, mata el tiempo libre escribiendo columnas. Opina sobre fútbol, pero podría hacerlo de natación sincronizada, de equitación, de boxeo o de gimnasia rítmica, ya que es conocido por todos que siempre fue más apasionado del deporte que de la política, aunque viviera casi 40 años de ella.

Su pereza infinita y su oratoria, repleta de trabalenguas, ha regalado no pocas frases surrealistas para los anales de la política: que si “es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”; que si tenemos que fabricar máquinas que nos permitan seguir fabricando máquinas...“; que si ”España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles“ y ”somos sentimientos y tenemos seres humanos“; que si ”me gustan los catalanes porque hacen cosas“; que si ”un vaso es un vaso y un plato es un plato“...