El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha recuperado una vez más su versión de columnista deportivo con sus particulares “crónicas” —por decir algo— tras los partidos de la selección española. Pero, tal vez impulsado por la radicalización del espacio político de la derecha, esta vez Rajoy se ha pasado de frenada y se ha dejado llevar por la ola racista y xenófoba europea.

Después de un par de comentarios y chascarrillos sobre la victoria de España frente a Bélgica, que básicamente consistió en un repaso cronológico por el paso de la selección europea por el Mundial, el verdadero Rajoy entró en juego. “Hoy llegó el desquite. Les hemos devuelto la pelota”, señalaba el expresidente del PP, alegando la eliminación española en cuartos de final en el Mundial de 1986 a manos de los Diablos Rojos.

Y añadía, además, que se alegraba doblemente. Por vencer a los diablos y a los rojos, que no le gustan “salvo la excepción que confirma la regla general, que es la camiseta de España”. No faltó la pullita contra los socialistas: “Basta con mirar hacia atrás o, simplemente, ver lo que sucede hoy en nuestro país. Así que esta victoria me sabe mejor.”

Tras un breve repaso para recordar que con su pase a semifinales España está ya entre las cuatro mejores selecciones del mundo, Rajoy pasa a su fase preferida: la cábala. “¿Qué pasará? No resulta fácil dar una respuesta a semejante pregunta”, señalaba casi retórciamente. Para añadir que Francia llegó a la última final, que tiene dos mundiales o que ha ganado todos sus partidos en esta competición.