El cambio climático ha llegado al hemisferio norte. A la vieja Europa, con países habitualmente más preparados para el frío que para oleadas de calor frecuentes e intensas. El consenso científico comienza a asegurar que este verano será el más fresco que quede de nuestras vidas porque los que le sigan serán más abrasadores aún. No se trata de una excepción. Paradójicamente esta situación pilla a la opinión pública en una especie de “fatiga climática”, en la que, ante el volumen de otros problemas (guerras, tecnología, geopolítica…) el pacto verde europeo pierde fuerza. Un reciente informe del gigante asegurador Allianz ha puesto números a esta situación. El calor extremo se perfila como un riesgo estructural, con Europa altamente expuesta (por ejemplo, la penetración promedio del aire acondicionado es de un 19% en la población frente a un 90% de EE UU). La aseguradora construye un escenario de estrés climático en el que los cinco años más calurosos observados en cada país entre 2014 y 2024 se reproducen en orden ascendente durante el periodo 2026-2030: el quinto año más caluroso en 2026, el cuarto en 2027 y así sucesivamente, culminando en el año más caluroso, 2030. Según Allianz, las pérdidas acumuladas implícitas del PIB entre 2026 y 2030 podrían alcanzar entre el 5% y el 7% de las economías más expuestas: 240.000 millones de dólares para Francia, 354.000 millones para Japón, 147.000 millones para Italia, 131.000 millones para Alemania y 120.000 millones para España, a quien advierte de que corre el riesgo de perder atractivo turístico en favor de países más al norte, que ya empiezan a beneficiarse del fenómeno de la sombra. Europa es la zona global en la que más rápido suben las temperaturas, mientras que China es el país con un mayor incremento de emisiones de dióxido de carbono. En este contexto ha surgido un debate que en otras partes del mundo (África, parte de Asia…) puede parecer “de ricos”: la utilización del aire acondicionado contra el calor. Mantenerse fresco se está convirtiendo en la nueva lucha de clases climática en Europa. Incluso hay quien incorpora la introducción del aire acondicionado como un elemento central del nuevo contrato social. La economista francesa Laurence Tubiana, experta en cambio climático (presidenta de la Fundación Europa para el Clima, y embajadora para las negociaciones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático) escribe que el debate sobre el aire acondicionado es una distracción peligrosamente reduccionista que desvía la atención de una cuestión más fundamental: qué significa la calidad de vida en un clima cada vez más cálido. Disponer de viviendas seguras, lugares de trabajo con temperaturas soportables, acceso a sombra, agua y sistemas de refrigeración no son ya “comodidades” sino elementos centrales de ese contrato social. El acceso a estos recursos se está convirtiendo en una cuestión política de primer orden. ¿Se puede hablar ya del “derecho al frescor”? Las políticas de adaptación al calor en Europa se han hecho hasta ahora sobre todo teniendo en cuenta la compensación de las pérdidas, no su prevención. El dilema consiste en si atenuar las temperaturas extremas con aire acondicionado agrava la emergencia climática: a medida que aumentar la demanda de refrigeración dependa única o principalmente del aire acondicionado, se incrementa el consumo eléctrico. Los siguientes pasos son conocidos: mayor generación de energía y hogares expuestos a facturas más elevadas. Desigualdad. Los críticos del aire acondicionado explican que no tiene sentido combatir los efectos del cambio climático generando más emisiones. Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que este método de refrigeración es esencial para proteger la salud durante los episodios de calor extremo. Muchos ciudadanos vulnerables conservarían sus vidas si hubieran dispuesto de aparatos de aire acondicionado. El debate no es aire acondicionado sí o no. Tan ineficaz parece rechazar sistemáticamente cualquier solución tecnológica de adaptación como confiar en una única vía milagrosa. La prioridad absoluta es salvar vidas y proteger a los más vulnerables ante este nuevo infierno.