Europa está sufriendo una histórica ola de calor: 100 millones de ciudadanos con el mercurio por encima de 35 grados centígrados, daños en infraestructuras por las altas temperaturas, jóvenes bañándose en el Sena en París para luchar contra el calor y otras imágenes sin precedentes que han demostrado que las ciudades no están preparadas. Los datos son dramáticos: la Organización Mundial de la Salud considera que entre el 21 de junio y el 28 de junio, se registró un exceso de 1.300 muertes relacionadas con las altas temperaturas en Europa. Y, además, esta ola de calor ha abierto una nueva brecha en la creciente rivalidad entre europeos y estadounidenses. ¿El culpable? El aire acondicionado. A ojos de algunos opinadores de EEUU (tanto en redes sociales, con millones de seguidores, como en medios de comunicación) los europeos sufren el calor por dos razones. La primera, por su negativa dogmática a usar una tecnología que puede hacer su vida mucho mejor. La segunda, porque, en realidad, no se lo pueden permitir. TE PUEDE INTERESAR Muchos estadounidenses, que en 2024 eligieron a un presidente que ha rechazado la transición climática y ha abrazado de nuevo los combustibles fósiles, consideran que Europa se está suicidando económicamente por mantener su compromiso con las políticas climáticas, que están acelerando la desindustrialización. Desde su perspectiva, los europeos están aceptando de manera sumisa una agenda política que encarece su vida y mata su modelo de crecimiento. Como consecuencia de ello, los europeos serían mucho más pobres de lo que creen. En esta narrativa, los ciudadanos de la Unión son "europoors", como se les ha venido a calificar en redes sociales. Sin ser conscientes de ello. Un usuario en redes sociales, que es donde se ha concentrado el debate, sube una foto de un aparato de aire acondicionado: "Hola, europoors. He instalado aire acondicionado en mi garaje para mis perros. Mis perros viven mejor que vosotros". Hay, en todo caso, algunas razones que explican la oposición europea. Tradicionalmente, los países que ahora sufren más las olas de calor no han tenido episodios tan agudos de altas temperaturas, y sus edificios están preparados para justo lo contrario: para retener el calor durante los inviernos. En un verano como este, se convierten en hornos. En aquellos países donde las altas temperaturas son más comunes, como España, Italia o Grecia, las infraestructuras están mucho mejor preparadas. De hecho, el argumento de que los europeos no instalan aires acondicionados por puro dogmatismo se desmonta en estos mismos países, donde es mucho más común encontrarse con esta tecnología. TE PUEDE INTERESAR Sin embargo, es cierto que en los países donde las olas de calor han sido una excepción, el aire acondicionado ha sido visto tradicionalmente como un lujo innecesario. Es cierto, también, que el argumento de que los aires acondicionados alimentan el propio calentamiento global que los hace necesarios se utiliza en el debate público europeo, especialmente en las ciudades. Un estudio de 2020 señaló que el uso de aires acondicionados en los edificios de París aumentaría la temperatura en las calles hasta en 2,4 grados. Aquí el modelo de ciudad importa, y cualquiera que haya visitado algunas ciudades estadounidenses puede ver las diferencias. Las grandes urbes europeas están densamente pobladas. Ninguna ciudad americana grande se acerca al nivel de densidad de población de París, y solamente Nueva York supera en densidad a las principales capitales europeas como Madrid, Berlín, Londres o Bruselas. Son compactas y están pensadas para que los habitantes se muevan a pie o en transporte público. El calor que se expulsa a la calle en París por los aires acondicionados tiene un impacto mucho mayor en el resto de habitantes del que puede tener en Kansas City, ciudades amplias donde la mayoría se mueve en coche. Despertad, europobres Patrick Collison, CEO de Stripe, una plataforma de servicio de pagos online, obtuvo millones de visualizaciones en redes sociales introduciendo una imagen de una conversación con la IA de Claude, en la que esta concluía que la oposición europea al aire acondicionado es "en gran medida, una forma de asimilar el malestar psicológico que supone admitir que la forma en que los estadounidenses viven el verano era la correcta desde el principio". Noah Smith, un economista y popular opinador estadounidense, también se ha sumado al debate, convertido ya en batalla cultural. "¡Instala de una vez el maldito aire acondicionado y salva la vida de tu abuela!", ha escrito en redes sociales. En su newsletter, que reciben millones de lectores, ha recuperado un artículo que ya escribió hace poco tiempo señalando que los europeos deben instalar urgentemente aires acondicionados. El argumento va más allá del aire acondicionado. Llevan mucho tiempo sermoneando a sus lectores respecto a la pobreza de los europeos. "¿Se dan cuenta los europeos de lo pobres que son? ¿Y qué pasará cuando se den cuenta?", se preguntaba hace algunas semanas Joseph C. Sternberg, columnista de Política Económica del , citando unos datos sobre la competitividad de la economía de la UE. En la teoría de Sternberg y otros, los europeos serán conscientes de su absoluto declive solamente a las malas, cuando, en palabras del columnista, “la felicidad se acabe cuando se termine la financiación del Estado de bienestar”. Los economistas Paul Krugman, por un lado, y Philippe Aghion y Luis Garicano, por el otro, llevan meses discutiendo en redes sociales sobre cómo de rezagada se está quedando la economía europea frente a la de EEUU, cada uno con sus propias métricas y estadísticas. TE PUEDE INTERESAR El banquero de inversión John LeFevre también saltó al debate desde otra perspectiva: la de los tópicos. "Tienes unas dos veces más probabilidades de morir por calor en Europa que por armas en EEUU. Nos sermonean sobre la 'violencia armada' mientras sus ancianos se asan vivos sin aire acondicionado", señaló. El mensaje en redes sociales ha tenido mucho éxito, a pesar de que la métrica de "exceso de muertes" que usa la OMS es poco exacta, mientras que la de muertes por arma de fuego es bastante concreta, y de que la población europea es más del doble que la estadounidense. Sin embargo, su mensaje en redes sociales muestra que este debate ya no consiste en una discusión respecto a si Europa debe o no cambiar su enfoque respecto a los veranos, ni, en muchos casos, es un debate en el que los datos reales sean relevantes. Es ya pura guerra cultural. Los americanos usan el aire acondicionado como contraargumento a dos de los ataques típicos de los europeos en esta guerra cultural: la sanidad y la violencia armada. Élites contra ciudadanos El ejemplo es útil para entender el discurso del nacional-conservadurismo americano, los llamados "nat-cons", que ha llegado a la Casa Blanca y que está echando raíces muy profundas en el Partido Republicano. El aire acondicionado es el ejemplo perfecto de la conspiración de la élite. Se trata de una solución técnica que mejoraría la vida de los europeos, pero, a sus ojos, las élites administrativas que han capturado el Estado niegan esa opción a sus ciudadanos. Se hace hincapié en que las autoridades dificultan la instalación de estos aparatos, algo que, en muchas ocasiones, ocurre realmente debido a la preservación histórica de edificios o a procesos de permisos. El aire acondicionado es, para muchos, un trailer de la caída de Europa a los infiernos. El aire acondicionado es un argumento poderoso en la batalla cultural gringo-europea porque a Washington le permite dar un mensaje muy potente: tus élites te mantienen asándote en casa porque quieren, porque existe una alternativa. Igual que con la industria, a la que están ahogando con normativas y con una transición ecológica suicida. Desde la perspectiva de parte de la élite política estadounidense, el Viejo Continente puede evitar ese declive imparable siguiendo la línea marcada por EEUU y asumiendo su agenda y su liderazgo en todos los ámbitos. División y emociones fuertes El asunto del aire acondicionado está siendo también divisivo entre europeos a medida que se ha politizado, especialmente en el país en el que se politiza hasta el sudar: Francia. Marine Le Pen, líder del partido de extrema derecha Agrupación Nacional, formación que lidera las encuestas para las presidenciales francesas de 2027, ha prometido un “gran plan de aire acondicionado” para el país. Jean-Luc Mélenchon, líder del partido izquierdista La Francia Insumisa (LFI), ya ha presentado su oposición frontal a cualquier idea similar, explicando que los aires acondicionados solamente empeoran la situación. "Soy oficialmente de extrema derecha", escribía en redes sociales un usuario francés. TE PUEDE INTERESAR Lejos de los debates en redes y en medios, la realidad es más compleja que sencillamente instalar aires acondicionados. El cambio climático está afectando mucho más a Europa que a EEUU, por lo que los veranos mucho más calurosos y con episodios de altísimas temperaturas son una relativa novedad en el continente. No es simplemente que los europeos se nieguen a instalar aires acondicionados por dogmatismo: es que hasta hace relativamente poco no era necesario. Y todo apunta a que, en realidad, los europeos sí que están instalando aires acondicionados: se espera que el número de unidades se doble en los próximos años. En algunos casos, su instalación no es nada sencilla, con edificios protegidos por legislación. Los edificios en Bruselas, Berlín o París no están preparados para estas temperaturas, sino justo para lo contrario, para retener el calor y maximizar la entrada de luz en la casa. Son viviendas pensadas para sus largos y difíciles inviernos, no para veranos mediterráneos. Además, está el debate de los precios de la energía, 2,5 veces superiores en Europa que en Estados Unidos. Para el lado estadounidense de este debate, ese argumento es perfecto. De nuevo, esos precios más altos son resultado de la agenda verde. La realidad es que los sistemas energéticos europeos están preparados para picos de consumo en invierno, no en verano, lo que también provoca problemas en el sistema eléctrico. Por ejemplo, en picos de calor, algunas centrales nucleares tienen que detener su actividad por problemas con la refrigeración de agua, al igual que la energía hidroeléctrica, provocando un problema de oferta de energía. En julio de 2025, Bérgamo y Florencia, dos de las grandes ciudades italianas, sufrieron apagones. TE PUEDE INTERESAR La crítica que sí está cogiendo tracción en círculos europeos es, "¿cómo es posible que siendo conscientes de los efectos devastadores del cambio de clima, los Estados no se hayan preparado mejor?". A los ciudadanos no se les puede pedir exclusivamente que soporten el calor, hay que ofrecer soluciones. La Comisión Europea ha sido preguntada esta semana por si se opone o no a la instalación de aires acondicionados, y ha evitado posicionarse, a pesar de que en el pasado el Ejecutivo comunitario ha defendido romper “el círculo vicioso” de combatir el calor con aires acondicionados que contribuyen al calentamiento global, aunque sus emisiones de CO2 no sean muy relevantes. El debate es complejo porque, de hecho, va directo al núcleo duro del debate sobre la transición ecológica: cómo se puede hacer de forma que no sean los más desfavorecidos los que paguen las consecuencias. El debate de los últimos días arroja algo de luz no solamente sobre si los europeos son, efectivamente, europoors, sino también en lo que unos y otros consideran comodidad. The Economist ha escrito en las últimas semanas que muchos europeos se han sorprendido con el nivel de riqueza que han visto en los suburbios estadounidenses durante su visita al país para seguir el Mundial de fútbol. Para muchos otros la riqueza consiste en no tener que coger un coche para acudir a un centro comercial con miles de plazas de aparcamiento delante. Y, sin embargo, a pesar de todo esto, de las 50 ciudades con mayor calidad de vida según el ránking de , 32 están en Europa, mientras que solamente 5 se encuentran en Estados Unidos. Cuando se tienen en cuenta otras variables del ránking especialmente importantes para los estadounidenses, como la actividad económica, Europa sigue copando 20 ciudades entre las 50 mejores para vivir, frente a las 19 estadounidenses. Miles de estadounidenses están mudándose a Europa. Portugal, con un visado para nómadas digitales, es uno de sus primeros destinos. En algunas calles del barrio de Chamberí, en Madrid, en ocasiones es difícil escuchar español.