Gran parte de Europa se prepara para que una ola de calor, ya de por sí intensa, se agrave aún más en los próximos días, mientras algunos países adoptan medidas especiales para mitigar sus efectos. /Nicolas TUCAT / AFPFoto: AFP - NICOLAS TUCATResume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Investigadores del World Weather Attribution (WWA), un grupo internacional especializado en analizar hasta qué punto el cambio climático influye en los fenómenos meteorológicos extremos, concluyeron que la intensa ola de calor que atraviesa Europa occidental, y que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya se asocia con más de 1.300 muertes, habría sido prácticamente imposible hace apenas 50 años. La principal razón, sostienen, es el calentamiento global causado por las emisiones derivadas de la quema de combustibles.Los investigadores explican que Europa acaba de atravesar dos olas de calor excepcionales en muy poco tiempo. La primera ocurrió en mayo y rompió numerosos récords históricos. La segunda, que comenzó apenas semanas después y aún continúa, está batiendo récords para junio e incluso récords absolutos en varias regiones. Esto resulta especialmente llamativo, dicen los investigadores, porque junio normalmente no es el mes más caluroso del año en Europa occidental. En países como Francia, Alemania, Italia, España y el sur de Inglaterra, las temperaturas alcanzaron entre 5 y 12 °C por encima de lo habitual para esta época. El responsable inmediato fue un persistente sistema de alta presión que transportó aire extremadamente cálido desde el norte de África, ha mantenido los cielos despejados y ha permitido que la radiación solar caliente aún más la superficie.Sin embargo, los autores aclaran que ese patrón atmosférico por sí solo no explica el calor extremo que están viviendo los europeos. Situaciones similares ya habían ocurrido en décadas pasadas, pero ahora producen temperaturas mucho más elevadas porque el planeta es más cálido. Es decir, el cambio climático actúa como un amplificador: utiliza los mismos patrones meteorológicos, pero los convierte en episodios mucho más extremos.Para entender cuánto está influyendo el cambio climático en la situación, científicos de varios países compararon la ola de calor actual con el clima de décadas anteriores. Analizaron los tres días y noches más calurosos de la región más afectada y también estudiaron las 19 capitales de los países involucrados. Los resultados muestran que esta es la ola de calor más intensa jamás registrada en la zona analizada. Si exactamente las mismas condiciones meteorológicas hubieran ocurrido en 1976, las temperaturas registradas este junio habrían sido prácticamente imposibles. Incluso durante la histórica ola de calor de 2003, un episodio como el actual habría sido aproximadamente diez veces menos probable durante el día y más de cien veces menos probable durante la noche.Los investigadores también descubrieron que junio se está calentando más rápido que cualquier otro mes en gran parte de Europa occidental. Además, las temperaturas máximas del día están aumentando aproximadamente tres veces más rápido que el promedio del calentamiento global, mientras que las mínimas nocturnas aumentan alrededor del doble de rápido. Esto significa que una ola de calor como la actual habría sido, en promedio, 3,5 °C más fría durante el día en 1976 y 2 °C más fría en 2003. Durante la noche, las diferencias también son enormes: alrededor de 2,4 °C menos en 1976 y 1,3 °C menos en 2003.El estudio no solo analizó la temperatura del aire. Los científicos utilizaron el índice WBGT (temperatura de bulbo húmedo y globo), una medida que combina temperatura, humedad, radiación solar y circulación del aire para estimar el estrés térmico real que experimenta el cuerpo humano. Este índice es más útil que la temperatura sola porque refleja mejor la capacidad del organismo para enfriarse mediante la sudoración. Durante esta ola de calor, cerca del 45 % de las ciudades europeas superaron récords históricos de este indicador, lo que significa que las condiciones fueron excepcionalmente peligrosas para la salud.El informe destaca justamente que las ciudades son especialmente vulnerables. El llamado efecto isla de calor urbano, junto con edificios antiguos poco preparados para altas temperaturas, la falta de zonas verdes y las desigualdades sociales, hace que millones de personas estén mucho más expuestas. Los grupos con mayor riesgo incluyen adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, quienes viven solos, personas sin hogar y poblaciones con menos recursos para acceder a refrigeración.El informe de WWA sugiere que el impacto humano ha sido enorme. Las olas de calor ya son el desastre natural que más muertes provoca en Europa. Solo en el verano de 2022 se estima que murieron más de 60.000 personas por el calor extremo, mientras que en 2023 hubo alrededor de 47.000 fallecimientos relacionados con las altas temperaturas. El año pasado, una ola de calor ocurrida también a finales de junio causó unas 2.300 muertes en apenas 12 ciudades europeas. Durante el episodio actual, Francia reportó al menos 40 muertes, además del cierre de escuelas, cancelación de eventos al aire libre y problemas ferroviarios porque el calor deformó las vías y afectó las líneas eléctricas. En el Reino Unido, un hospital declaró una situación crítica debido al aumento de pacientes, mientras que Italia registró más ingresos a urgencias, muertes asociadas al calor y cortes de electricidad provocados por el uso masivo de aire acondicionado.Los efectos no se limitan a la salud. El informe señala que la demanda de electricidad para refrigeración alcanzó su nivel más alto en al menos 45 años, mientras aumentó el riesgo de incendios forestales, especialmente en España y Francia. Además, la sequía se intensificó, los embalses han sufrido una mayor presión y han aumentado las preocupaciones por la producción eléctrica en Francia, donde varias centrales nucleares utilizan agua de los ríos para refrigerarse. Si los ríos se calientan demasiado, estas plantas deben reducir su producción, lo que puede afectar el suministro eléctrico de buena parte de Europa.La principal conclusión de los investigadores es que, con un calentamiento global cercano a 1,4 °C respecto a la era preindustrial, Europa ya está experimentando olas de calor que ponen al límite la capacidad de respuesta de los sistemas de salud, la infraestructura y la sociedad. Según sus cálculos, eventos como el de junio de 2026 son hoy decenas o incluso cientos de veces más probables que en 2003 y habrían sido prácticamente imposibles hace apenas medio siglo. Por ello, sostienen que reducir rápidamente las emisiones derivadas de los combustibles fósiles es esencial si se quiere evitar que estas olas de calor sean todavía más frecuentes e intensas en las próximas décadas.🌳 📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre el ambiente? Te invitamos a verlas en El Espectador. 🐝🦜Conoce másTemas recomendados: