Puntual a su cita veraniega: la catástrofe. Un horizonte de cuervos amenaza el mundo. A la humanidad. El clima cabreado replica a las impertinencias del hombre, que parece tener un pie en el infierno y el otro, nadie sabe dónde. Ciento treinta guerras desquiciadamente activas y cada una, un foco de corrupción, de impiedad. De sangre, miseria y éxodos. Y negocio. Estamos perdiendo el pasado y, al parecer, la memoria nos sirve de poco. O de nada. Olvidar las lecciones de la historia trae terribles consecuencias.Aficionados de España siguen un partido de la selección en Madrid Andrea Comas / ApEn la geografía del globo las huellas dramáticas del cataclismo. Gaza, Irán, Venezuela, África, Ucrania, Rusia, dos millones de muertos, las señales del horror. Los desmanes del gran Depredador Naranja, del liofilizado Putin, los negacionistas de todo, Los Gallardos… Y no somos conscientes de con qué facilidad la democracia puede hundirse. De cómo la naturaleza, a través de epidemias y tragedias, profetiza un futuro apocalíptico, una alerta a nuestra rutina cotidiana. El océano herido.Las desgracias se superponen a gran velocidad y los medios, con su alud de información, generan en nosotros un efecto de anestesia, de corteza defensiva ante el horror y la incertidumbre cotidiana que tantos estragos mentales produce en la salud y en el ánimo de jóvenes y viejos. Una pandemia: depresión, angustia y pronósticos fatales.¿Deporte, espectáculo, dinero? Probablemente de todo un muchoPero tengamos consuelo: el verdadero poder que rige el mundo, ese dios desconocido, pagano por supuesto, del que escribe Steinbeck, nos manda un Mundial para olvidar, quiero decir para que olvidemos, aunque sea solo por unos instantes, los horrores del mundo real. Sí, ahí está el deporte y su exageración: el fútbol. ¿Deporte, espectáculo, dinero? Probablemente de todo un mucho. Un Mundial nacionalista. Como todos. La euforia dirigida al éxtasis colectivo. Ya saben: “Tenemos razón porque somos muchos”. Y tanto. Y los que mangonean de verdad el asunto, que nunca sabremos quiénes son y dónde están, instalados en la creencia, cierta, comprobada además, de que mientras nos distraemos ante la pantalla, no nos acordamos de una realidad adversa. Y enemiga del criterio y la bondad, que también la hay.Un Mundial para soñar. Lujo, glamur, exhibición. Ferrari colore guinda. Y por comparación, una enorme y evidente desigualdad. Imposible sustraerse: la maquinaria del negocio se traduce en un derroche de medios inverosímil y a todos los niveles. La idolatría a unos personajes, algunos estrechitos de sienes, otros, razonables y solidarios con lo que los ha hecho posibles. En un Mundial para que nos olvidemos de la realidad, no ignoremos que el olvido es el enemigo de la razón. Dicen.
El Mundial, por Joan-Pere Viladecans
Puntual a su cita veraniega: la catástrofe. Un horizonte de cuervos amenaza el mundo. A la humanidad. El clima cabreado replica a las impertinencias del hombre, que parece tener un pie en el infierno y el otro, nadie sabe dónde. Ciento treinta guerras desquiciadamente activas y...








