La amenaza existencial que se cierne sobre la democracia en este tiempo de transformaciones reclama sepultar la miope polarización y abrazar la discorde concordia del poeta romano
El mundo se halla en una época de asombrosa, inquietante metamorfosis. El cambio es, por supuesto, un atributo constante de la vida, pero en algunas fases se manifiesta con intensidad especial. Esta es una de ellas, con un calentamiento global pavoroso, revoluciones tecnológicas portadoras de transformaciones que cuesta hasta imaginar y una agitación geopolítica ...
mayúscula en la cual el orden anterior se desmorona. En medio de todas estas convulsiones, se libra un feroz asalto contra la democracia y los derechos humanos, que ya ha generado una grave involución en muchas sociedades, y más estragos promete para el futuro próximo.
Avanzamos a velocidad extraordinaria en la oscuridad, cargados de incertidumbres. En estas circunstancias, a veces, luces del pasado ayudan a alumbrar el camino del presente. Una de ellas tal vez sea las ‘Metamorfosis’ de Ovidio, que dos milenios después siguen arrojando manantiales de sentido para interpretar el mundo.
Las historias mitológicas recogidas en el poema son, por sí mismas, envoltorios de mensajes poderosamente vigentes y elocuentes. La loca, arrogante osadía de Faetón que quiso conducir el carro del sol sin conocimiento, y en su desvío abrasó parte de la tierra -símbolo del cambio climático causado por la ciega estupidez del ser humano-; la célebre vicisitud de la Medusa, que petrificaba a quienes la miraban en los ojos -horrible estandarte de la fuerza hipnótica e imbecilizadora de las redes sociales-; las pulsiones depredadoras de dioses y semidioses -que hacen pensar tanto en la violencia de género como en los abusos de ciertos tecnoemperadores-.






