Hace años ir a los Búnkers del Carmel era un plan perfecto para hacer en familia o amigos. Pasear por el Turó de la Rovira y subir con calma hacia el mirador donde se creaba un espacio con un aura especial en el que admirar la inmensidad de la ciudad. La zona la habitaba el vecindario de los barrios de Can Baró y del Carmel. Ahora, sin embargo, este mismo plan es imposible de hacer. El espacio pertenece al turismo.PublicidadLos Búnkers se han convertido en una atracción turística más y cientos de personas pasan por ahí cada día. Y por si fuera poco, no se trata de un turismo familiar, sino que se ha situado en el mapa como lugar de botellones y fiesta. Jóvenes y no tan jóvenes con bebidas alcohólicas y música montan fiestas en el mirador. El Ayuntamiento ha impulsado medidas para regular la situación, pero, ¿cuál es la realidad que vive el barrio?¿Cómo vive el vecindario?Míriam Cañete hace 24 años que vive en la calle Mühlberg, una de las principales y más conocidas vías de acceso al Turó de la Rovira y a los Búnkeres. Aunque reconoce una mejora de la situación con el turismo, apunta que es muy ligera. "Ayer mismo no dormí porque la gente pasa hablando y gritando, con música. Es horrible", dice en declaraciones a Públic. La situación asegura que ha cambiado muchísimo con los años, "antes esto no lo conocía nadie, sólo la gente del barrio, y no teníamos estos problemas".Apunta que las medidas impulsadas por el Ayuntamiento han tenido algún efecto, pero son insuficientes. "El horario de apertura sí que hace que quizás algunos turistas no vengan, pero muchos vienen igualmente y en vez de acceder al mirador del Depósito, se quedan por los alrededores y ya está. Otros, saltan las vallas que hay instaladas y les da igual todo".Los padres de Míriam se conocieron viviendo los dos en las barracas que en los años 60 llenaban el Turó de la Rovira. Ahora, un espacio que para ella era familiar y simbólico, está totalmente pervertido. Lo mismo le ha pasado a Olalla López, sus abuelos y su madre vivieron también en las barracas, pero ella hace años que ya no sube al mirador porque "está hecho un desastre", asegura.PublicidadOlalla siempre ha vivido en el barrio, pero desde hace seis años vive en la calle Tenerife, otra de las que da acceso a las escaleras para subir al mirador. Explica que hace unos años su calle no era tan conocida, pero "a la que descubrieron que también se podía llegar a los Búnkers por aquí, parecía las Ramblas". Reconoce que la situación ha mejorado porque "por las tardes ya no se ve tanta gente", pero apunta que todavía hay momentos de "marabunta" y que la mayoría de gente lleva bolsas con alcohol: "Si subieran a ver las vistas, mira, te lo compro, pero la mayoría suben para hacer botellón y fiesta. Este es el tipo de turismo que va a los Búnkers".¿Qué opinan los vecinos de las medidas?Tanto Míriam como Olalla conocen algunas de las medidas que se han tomado para regular la situación. Olalla explica que, por ejemplo, "el autobús 116 ha dejado de aparecer en Google Maps como camino para ir al Turó de la Rovira". "Era un bus del barrio imposible de coger porque iba siempre lleno de turistas. También el 114, que a veces sube gente, pero nada exagerado". Ambas valoran positivamente las medidas tomadas por el Ayuntamiento que comenzaron en 2016 con la instalación de las primeras pilonas para impedir el acceso de vehículos no autorizados a varias calles, una medida que se amplió en 2019 y 2023. En 2023 se aplicó el cierre perimetral del espacio y la Guardia Urbana desaloja la zona cada noche desde entonces para cerrar el recinto. También hay presencia de agentes cívicos y se ha reforzado la limpieza de las pintadas.PublicidadEn el marco del Programa de Espacios de Gran Afluencia se están haciendo tareas de diagnosis y análisis. Las vecinas creen que estas medidas "están bien, pero son insuficientes".¿Qué se hará a partir de ahora?La última medida anunciada por el Ayuntamiento es la creación de un Grupo de Impulso y Seguimiento del Turó de la Rovira con representantes municipales, organismos vinculados a la gestión del espacio, entidades y actores clave de los barrios del entorno, así como grupos municipales con representación en el consistorio. En una nota de prensa, el consistorio asegura que "el objetivo es avanzar hacia una gestión más ordenada, sostenible y consensuada del Turó de la Rovira, preservando los valores patrimoniales y mejorando la convivencia con el vecindario".Según apuntan "el primer reto de este órgano es tomar las primeras decisiones en torno a un conjunto de actuaciones a corto, medio y largo plazo para mejorar la gestión del Turó de la Rovira". Hay propuestas de diversa índole: físicas en el espacio, de mejora de la gestión, de estrategia y otras de carácter analítico. Entre las medidas está asegurar el cierre correcto del espacio, señalizar los puntos periféricos para desincentivar conductas incívicas y reforzar el dispositivo de la Guardia Urbana y de limpieza y mantenimiento.
El Turó de la Rovira, de espacio familiar a símbolo de la masificación en Barcelona: "El turismo que va a los Búnkers es de botellón y fiesta"
Los vecinos de los barrios de Can Baró y del Carmel aseguran que las medidas de limitación adoptadas por el Ayuntamiento de Barcelona han tenido algún efecto, "pero siguen siendo insuficientes...











