El Ayuntamiento de Barcelona instalará cámaras de vigilancia en los búnkeres del barrio del Carmel con el objetivo de frenar el incivismo de muchos de sus muy numerosos visitantes. Los trámites propios de estas iniciativas demorarán esta instalación hasta bien pasado este verano. Quizás estén puestas a principio del año que viene. Entretanto el gobierno del alcalde Jaume Collboni también tiene previsto reforzar de manera inminente la presencia de la Guardia Urbana y de los agentes cívicos en la zona, así como intensificar las actuaciones de los servicios de limpieza municipales.La concejal responsable del distrito de Horta-Guinardó, Sara Belbeida, también detalló este lunes que el Consistorio, en el marco del Pla de Barris, trabajará en la renaturalización de los entornos de las baterías antiaéreas a fin de que los aficionados al botellón no encuentren tantos lugares tan bucólicos para esta práctica. La idea básicamente consiste en plantar arbustos en los claros donde resulta más cómodo montar un botellón. Son las medidas más destacadas que la propia concejal Belbeida puso sobre la mesa en la primera reunión del grupo de impulso y seguimiento del Turó de la Rovira, un nuevo órgano municipal de consulta y participación, una suerte de punto de encuentro de la administración, de los grupos políticos y de las asociaciones de la gente que vive por aquí a fin de recuperar este enclave devorado por la masificación turística. Todo empezó allá por el 2010, con una película de amor adolescente...Los vecinos están hartos de los visitantes que se cuelan en sus jardines y tejadosDe todas formas las altas temperaturas de las últimas semanas trajeron una extraña calma a este lado de la ciudad. Las tensiones más recientes se produjeron en verdad durante esta última primavera, cuando cada dos por tres la gente ya subía apretada como sardinas en lata en los autobuses de línea, cuando la abundancia de taxis y coches de Uber, Cabify y Bolt colapsaban a cada rato la calle Gran Vista, cuando los osados visitantes de esta sunset experience que se colaban en el histórico recinto tras su cierre vespertino no tenían otra idea que marcharse dando saltos por los tejados y los jardines de las viviendas de los alrededores...Las iniciativas municipales fueron recibidas ayer por los vecinos del Carmel y de Can Baró en la primera reunión del nuevo órgano con la parsimonia propia del aplatanamiento de estos días y también del escepticismo que siempre acompaña a los problemas que se arrastran tantos años. En estos escarpados barrios muchos vecinos perdieron su confianza en la capacidad de la Guardia Urbana de frenar los desmanes de los guiris más irrespetuosos. Pero el calor de estos días no invita a subir hasta el Turó de la Rovira.Además, afortunadamente, no trascendieron nuevos episodios de asaltos a tejados y jardines desde que de manera reciente el Ayuntamiento instaló una nueva valla en los alrededores del mirador. “El Ayuntamiento también ha elevado la altura de parte de las vallas de los búnkeres. Lo que pasa es que no ha quitado los puntos de apoyo para encaramarse. Así que ya veremos qué pasa cuando se pase este calor y los turistas regresen de veras. En cualquier caso la verdad es que estos días viene menos gente a hacerse selfies ”.Lee tambiénY lo de la renaturalización de los entornos de los búnkeres para que los visitantes no encuentren rincones en los alrededores donde instalarse con espiritosos, refrescos, hielo, etcétera... a los vecinos se les antoja una medida un tanto ingenua, “dado que la mayor parte de los botellones se celebran en zonas rocosas donde no se puede plantar nada, sobre todo en los laterales que dan a la calle Mühlberg. Nosotros lo que proponemos es que instalen aspersores poderosos ocultos en el lado que queda cerrado de los búnkeres y a cada rato rieguen de manera contundente a los que estén haciendo botellones”. Que los rieguen bien, con aguas freáticas, hasta molestarlos.Entrada con entradaA la espera de las grandes restriccionesLos vecinos del Carmel y CanBaró también confían en que el gobierno de Collboni obligue a los visitantes de los búnkeres que no vivan en Barcelona a previamente sacar entradas en un par de equipamientos bien alejados, el Refugi 307 o la fábrica Fabra i Coats. “Y queremos que de ello se ocupe el Museu d’Història de Barcelona, y no la empresa municipal BSM, porque queremos reducir la masificación, no que los búnkeres se conviertan otra fábrica de hacer dinero como el Park Güell”. El pleno municipal de mayo aprobó con el apoyo del gobierno y de BComú una propuesta de ERC destinada a regular el acceso a este lugar, priorizando la entrada de los barceloneses.Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.