Es un oasis en un mar de espacio público ocupado masivamente por los turistas. Una aldea gala de uso vecinal. Pero de gran carga simbólica. Barcelona acaba de trasladar su programa de juego en las plazas a dos espacios que los vecinos han abandonado hace tiempo: el entorno de la Sagrada Familia (en el Eixample) y la plaza Reial (Ciutat Vella). Una conquista acotada en el espacio y el tiempo: una mañana y una alfombra de césped llena de juguetes, estanterías con juegos de mesa, bancos, grandes mesas, y juegos de madera de tamaño gigante. El programa, en fase de piloto, forma parte de la gestión de los llamados EGA (espacios de gran afluencia) y busca reconquistarlos para uso vecinal. “Aquí no veníamos nunca, es horrible, de aquí los vecinos huyeron hace tiempo”, celebraban este sábado Sílvia y Pedro, abuelos de Yerai, de dos años, sentados y jugando en la plaza de la Sagrada Familia.

“La idea no es sacar al turista, sino potenciar otros usos en espacios masificados, compartir el espacio público”, explica Joel Garcia, director del espacio de una propuesta en la que tres dinamizadores animan a jugar, recomiendan y explican los juegos. La plaza de la Sagrada Familia se llenó este sábado, con un público de varias generaciones, desde bebés hasta sus abuelos, pasando por chavales o familias jóvenes. La actividad no distingue entre vecinos y turistas. De forma espontánea, quienes se quedan un buen rato son las familias del entorno; los visitantes, que van a lo que van, si paran, miran o están solo unos minutos. A última hora de la mañana, recuento: “El más fan ha sido un padre del barrio que, tras un buen rato, se ha marchado diciendo que por la tarde irá a la plaza Reial”, celebraba Sara, una de las dinamizadoras. La semana pasada, en la céntrica plaza porticada rodeada de terrazas, un grupo de chavales del barrio organizó un torneo de partidas rápidas de ajedrez.