Barcelona regula el turismo para proteger la vida de barrio
El Ayuntamiento despliega una estrategia que combina el control de los flujos de visitantes, la fiscalidad y la limitación de los alojamientos de uso turístico para equilibrar la actividad económica y la vida cotidiana
Gemma Martí
Barcelona, uno de los principales polos turísticos de Europa, afronta una nueva etapa en la gestión del turismo para hacer compatible la atracción internacional con la vida cotidiana de sus vecinos y vecinas. El reto no es menor. Más de 160.000 puestos de trabajo dependen de esta economía, que representa cerca del 13% del PIB y genera un gasto anual superior a los 10.000 millones de euros.
Pero el impacto no se mide solo en cifras. La presión sobre el espacio público, la vivienda o el comercio ha obligado al consistorio a desplegar una estrategia integral que combina instrumentos normativos con actuaciones concretas sobre el terreno. La hoja de ruta se enmarca en la estrategia Barcelona Impulsa, que busca una economía más equilibrada y arraigada en el territorio.








